El Código Forestal Brasileño vigente fue establecido el 15 de septiembre de 1965, por la Ley 4.777, con el objetivo de ser un instrumento legal para evitar la pérdida de la biodiversidad, erosión y empobrecimiento del suelo así como la sedimentación de los ríos y demás cuerpos de agua. Un pequeño grupo de personas, pero muy poderoso en términos económicos, alega que el Código Forestal está desfasado, evitando el crecimiento del país, además de comprometer la producción de alimentos, por reducir el área destinada a la agropecuaria. Los argumentos arriba nombrados no tienen una base científica.

El primero, que alega el desfase, no es correcto, ya que pese haber sido instituido en 1965, el Código Forestal pasó por innumerables revisiones y medidas provisorias, que lo fueron adecuando a las condiciones actuales. La segunda afirmativa tampoco es verdadera, ya que los grupos que están descontentos con el actual Código Forestal en su mayoría son latifundistas, empresarios del agronegocio, productores de commodities destinadas mayormente a la exportación. Gran parte de la producción originaria del agronegocio, que ocupa el 75% de las tierras de nuestro país, consiste en materia prima para exportación, mientras que la agricultura familiar, que ocupa apenas 25% de las tierras, produce cerca del 77% de nuestro alimento (MDA – Ministerio de Desarrollo Agrario).

La alegación de que la legislación ambiental compromete la producción de alimentos debido a la reducción de áreas destinadas a la agropecuaria es fácilmente derrumbada por los datos del investigador Gerd Sparovek de la renombrada Escuela Superior de Agricultura de la Universidad de San Pablo (ESALQ). En sus trabajos, Gerd muestra que actualmente existen en el país más de 100 millones de hectáreas de pastos degradadas que podrían ser recuperadas y volverse áreas productivas. Esta área es inmensa cuando comparada a los 67 millones de hectáreas actualmente ocupadas por la agricultura. Además de los actualmente 211 millones de hectáreas ocupados por la ganadería en un modelo de bajísima productividad, produciendo 1,1 animales por hectárea.

Hoy existen innumerables trabajos científicos mostrando que la productividad del sector agropecuario puede fácilmente ser duplicada, sin tumbar un árbol, y respetando los dispositivos del actual Código Forestal. El Proyecto de Ley 1.876/99 fue construido para atender los intereses de la minoría anteriormente citada, las cuales tienen la mayor fracción de tierras en nuestro país y poseen el mayor pasivo ambiental. En ningún momento la comunidad científica de nuestro país fue invitada a participar de la construcción de una nueva propuesta.

Por otro lado, investigaciones muestran que nuestra supervivencia depende de un conjunto de beneficios provenientes de los servicios ecosistémicos. Estos servicios son los beneficios que las personas reciben de los ecosistemas, y los bosques son de extrema importancia, ya que suministran una serie de servicios como las lluvias, purificación de las aguas, preservación de los recursos hídricos, fuente de alimento, resinas, fármacos, producción de oxígeno, ciclo de nutrientes, entre otros. Estos servicios son comprometidos cuando as áreas de bosques son sustituidos por otros usos de suelo (Milenio, 2006).

El Proyecto de Ley 1.876/99 quita la función ambiental de preservación de las Áreas de Protección Permanente (APPs). Como el propio nombre dice, las áreas de APP deben ser preservadas y no sólo conservadas como propone el proyecto de ley. La propuesta también retira de la categoría de APP las cimas de montañas, cerros, sierras y áreas con altitud superior a 1.800 m. A cada día, recibimos incontables noticias a través de los medios de comunicación, relatos trágicos con la pérdida de cientos de vidas debido a la ocupación irregular de faldas de montañas. Incluso los no entendidos en este asunto saben de la importancia de la preservación de estas áreas. No son necesarios datos científicos para que entendamos la importancia de la preservación de las APPs, basta mirar diariamente las noticias en nuestro país.

Otra categoría de APP que está seriamente amenazada, o sea, prácticamente dejará de existir, son los bosques ribereños, en las orillas de los ríos. El código actual instituye como área de APP a las orillas de los ríos, considerando el lecho mayor del río, o sea, el lecho del río en época de llenura. El PL 1876/99 propone que se considere la orilla del río tomando en cuenta el lecho menor.

Imaginemos el ejemplo del río Uatumã, que el Profesor Fernando Jardim citó en su reciente debate en la Universidad Federal Rural de la Amazonia (UFRA), que presenta en la época de sequía un ancho de 100 metros, mientras en el periodo de llenura llega a 5.000 metros. Al aprobar el PL 1876/99, el área de APP, calculada a partir del lecho menor del río (periodo de sequía), quedaría restringida a 200 metros. De esta forma, los 500 metros de faja marginal que hoy es considerada APP podrían ser totalmente deforestados, y 4.800 metros, o sea, 96% del canal del río, estarían libres para cualquier uso. Además que las áreas de APP desaparecerán, el lecho del río podrá ser ocupado.

Al aceptar la propuesta de sustituir el antiguo código, mañana podremos estar construyendo nuestras casas o inclusive sembrando soya, caña de azúcar, tabaco, entre otros cultivos, dentro del lecho de los ríos. Y cuando el río se llene y se lleve nuestras casas y sembradíos, ¿de quién será la culpa? ¿Será simplemente castigo de Dios?

Como ya fue demostrado en varios trabajos, el bosque ribereño es el ecosistema de mayor importancia para el mantenimiento de la vida acuática de los ríos. Sirve como filtro en la retención de sedimentos, agrotóxicos y fertilizantes originarios de áreas alteradas, sea por la ocupación urbana o rural. A medida que eliminamos las matas ciliares, estamos también amenazando a los peces, fuente de proteína de extrema importancia para comunidades tradicionales ribereñas, indígenas, mestizas, que, en muchos casos, son comunidades con la mayor escasez de alimento, las que dependen de los ríos para su supervivencia.

Otra gran amenaza está relacionada a la Reserva Legal (RL), la que el actual Código Forestal caracteriza como necesaria para el uso sostenible de los recursos naturales, para la conservación y rehabilitación de los procesos ecológicos y para la conservación de la biodiversidad. El uso sostenible, en el referido código, permite el uso y manejo de las áreas de Reserva Legal. Por el PL 1876/99, la Reserva Legal pasará a tener como función principal el uso económico, y la conservación pasa a ser una función auxiliar. Permite también que, en caso de la ausencia de Reserva Legal en el inmueble, podrá ser realizada la compensación ambiental del área bajo régimen de servidumbre ambiental en otra cuenca hidrográfica, o sea, podemos desmontar en Paragominas (estado de Pará), y compensar en Xapuri en el estado de Acre.

Al hablar de Reserva Legal, no podemos olvidarnos que el bosque es responsable por gran parte de las lluvias, pues, a través de la evapotranspiración, manda humedad a la atmósfera. Según Antônio Nobre, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (INPA), “la Amazonia es una bomba hidrológica impresionante, que lanza diariamente 20 billones de toneladas de agua a la atmósfera, garantizando que un área responsable por 70% del PIB sudamericano sea debidamente irrigada”. En 1985, el investigador Eneas Salati ya mostraba que, en la Amazonia, al menos 50% de la lluvia tiene su origen en la humedad que la propia selva produce. Además de la regulación climática de temperatura, humedad y precipitación, los bosques son de extrema importancia para el mantenimiento de los reservorios de carbono almacenados en la biomasa viva.

“¿Cómo lograremos cumplir los acuerdos internacionales firmados, en los que Brasil se comprometió a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, si estamos aprobando una legislación de estimula y legaliza la deforestación de millones de hectáreas de vegetación nativa?”
En el proceso de corte y quema de la vegetación, ocurre gran emisión de carbono a la atmósfera. Actualmente, de los 7,6 billones de toneladas de carbono liberadas anualmente a la atmósfera, la quema de bosques tropicales aún es responsable por la emisión de 1,6 billones de toneladas. En este escenario, Brasil es considerado uno de los países que más contribuye a este tipo de emisión, debido a la deforestación principalmente del bioma Amazónico. Según estimaciones del Observatorio del Clima, caso aprobadas las alteraciones en el Código Forestal, estaremos legalizando una emisión de cerca de 25 billones de toneladas de CO2, o sea, emisión 13 veces superior a las que ocurrieron en el año 2007. ¿Cómo lograremos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, si estamos aprobando una legislación que estimula y legaliza la deforestación de millones de hectáreas de vegetación nativa?

La liberación de millones de hectáreas de vegetación nativa para el desmonte elevará aún más las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, y los efectos sobre el clima podrán ser más intensos. Al hablar de cambio climático, debemos citar el estudio realizado por investigadores de la Universidad Estadual de Campinas (UNICAMP) (Pellegrino, G. Q., Assad, E. D.; Marin, F. R.) publicado en la Revista Multiciência, Campinas, en el año 2007. Según este estudio, en un escenario bastante optimista, con el aumento de sólo 3°C de temperatura las áreas hoy utilizadas por la agricultura no serán aptas para los mismos cultivos, y enfrentaremos en los próximos años serios riesgos respecto a la seguridad alimenticia en nuestro país. Datos de este estudio indican la reducción de áreas para cultivos como frejol (11%), arroz (18%), café (58%), maíz (7%) y soya (39%). El único cultivo que será beneficiado con el aumento de la temperatura es la caña de azúcar, la que podrá duplicar su área de producción, o sea, estamos reduciendo la producción de alimentos y estimulando la producción de etanol.

El Proyecto de Ley 1.876/99 propone también la exención de recuperación de la Reserva Legal para propiedades con hasta cuatro módulos fiscales. Módulo fiscal es una clasificación creada por el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (INCRA) que varía en área de 5 a 110 hectáreas, dependiendo de la región. El proyecto prevé que en grandes áreas, la recuperación deberá ser realizada solamente en área que exceda a los 4 módulos fiscales, de modo que una propiedad de 500 ha, donde el módulo fiscal es de 100 ha, ubicado en el bioma amazónico que prevé Reserva Legal de 80%, existiría la necesidad de recuperar únicamente 80 hectáreas.
“Además de favorecer una pequeña minoría, estaremos estimulando las emisiones de gases de efecto invernadero, cambio climático con aumento de temperatura, serias interferencias sobre el ciclo hidrológico con sequías e inundaciones cada vez más extremas, aumento del nivel del mar, salinización de ríos, pérdida irreversible de la biodiversidad, inseguridad alimenticia, amenaza a poblaciones más pobres, ya que éstas viven en áreas menos favorecidas, entre otras consecuencias.”
Cualquier persona, con un mínimo de instrucción, puede hacer una rápida revisión bibliográfica y constatar que hoy, al avanzar la deforestación sobre las áreas de bosque, nuestra productividad en un futuro próximo podrá ser limitada por la falta de agua. Según José A. Marengo, investigador de CPTEC – INPE, el bosque amazónico es capaz de generar diariamente niveles de vapor de agua oriundos del proceso de evapotranspiración, en cantidades altamente significativas, alimentando a la atmósfera con humedad y formando los “ríos voladores”, que según los movimientos de circulación general de la atmósfera son movidos hacia la región centro-oeste, sudeste y sur del país. La Amazonia es una bomba hidrológica impresionante, según Antônio Nobre, investigador de INPA, ya que lanza diariamente 20 billones de toneladas de agua a la atmósfera, garantizando que un área responsable por el 70% del PIB sudamericano sea debidamente irrigada. Al momento en que ocurra una gran supresión de la vegetación en el bioma Amazónico, gran parte de Brasil dejará de ser beneficiado con la humedad de la Amazonia.

Si el Proyecto de Ley 1.876 es aprobado, será un gran retroceso en términos de desarrollo, mientras la comunidad internacional habla de sustentabilidad, reducción de impactos ambientales, estamos aprobando una legislación que legaliza justamente lo contrario. Además de favorecer una pequeña minoría, estaremos estimulando las emisiones de gases de efecto invernadero, cambio climático con sequías e inundaciones cada vez más extremas, aumento del nivel del mar, salinización de los ríos, pérdida irreversible de la biodiversidad, inseguridad alimenticia, amenaza a las poblaciones más pobres, ya que viven en las áreas menos favorecidas, entre otras consecuencias.

Hoy disponemos de tecnología para aumentar nuestra productividad, con técnicas de sembrado directo, sistemas agroforestales, sistemas agrosilvopastoriles que además de aumentar la productividad, minimizan los impactos sobre los recursos hídricos. También poseemos técnicas eficientes para la recuperación de áreas degradadas para hacer nuevamente productivos a estos sistemas. Es hora que la sociedad reflexione y debata sobre cómo conciliar economía y medio ambiente, producción y soberanía alimenticia, agricultura y democratización del acceso a la tierra, y que no seamos rehenes de un modelo productivista excluyente y depredador de los recursos naturales.

LLea más:

Código Forestal y la Ciencia – SBPC
Entienda el “nuevo” Código Forestal
Artículo sobre modelaje de la tierra de Gerd Sparovek (Profesor de la USP, Esalq), Alberto Barretto (Alumno de doctorado de la USP, Esalq), Israel Klug (Consultor) y Göran Berndes (Profesor de la Universidad de Chalmers, Suecia)
La Visión de la Población Brasileña sobre Deforestación, Código Forestal e Intención de Voto, investigación de opinión publicada en abril de 2009 por el Instituto de Investigaciones Datafolha, a pedido de la organización Amigos de la Tierra – Amazonia Brasileña
Artículo a respecto a las bases científicas del Código Forestal actual del investigador y profesor de la Universidad de San Pablo (USP), Jean Paul Meztger
Contribuciones de la Academia Brasileña de Ciencia (ABC) y de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC) para el debate sobre el Código Forestal
“Código Forestal: ¿Cómo salir del problema?”, artículo publicado por el Instituto del Hombre y Medio Ambiente de la Amazonia (Imazon) escrito por Paula Ellinger y Paulo Barreto. El artículo también puede ser visto por medio de la web recién lanzada por Imazon
La web SOS Florestas disponibiliza artículos en relación al Código Forestal y su propuesta de alteración
Cartilla elaborada por SOS Florestas
Posicionamiento de Vía Campesina sobre el informe de Aldo Rebelo
“Impactos potenciales de las alteraciones propuestas para el Código Forestal Brasileño en la biodiversidad y en los servicios ecosistémicos”, artículo escrito por investigadores de diversas universidades del país
Reportajes ya publicados por O Eco


Vania Neu es bióloga con maestría y doctorado en Ecología por la Universidad de San Pablo. Actualmente es profesora e investigadora de la Universidad Federal Rural de la Amazonia, en la línea de biogeoquímica con énfasis en el ciclo del carbono.
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