“Para la mayoría de los brasileños, la Amazonia es un lugar exótico y distante, con la cual tiene apenas un tenue lazo de afecto y responsabilidad”
“El mayor y más deprimente problema de conservación no es la destrucción del hábitat o la sobreexplotación, sino la indiferencia humana frente a estos problemas”. Este argumento del profesor de la Universidad de Cambridge, Andrew Balmford es particularmente pertinente en la relación entre los brasileños y la selva amazónica. Para la mayoría de los brasileños, la Amazonia es un lugar exótico y distante, con la cual tiene apenas un tenue lazo de afecto y responsabilidad. Pese a que el área de la Amazonia corresponde a cerca de 61% de territorio nacional, más del 80% de los brasileños viven fuera de la región y simplemente demasiado lejos para importarse con las quemas, motosierras y desmontes con cadena que destruyen la selva. Por otro lado, aquellos que viven en la frontera agrícola de la Amazonia, frente a los más altos índices de deforestación tropical del mundo, son típicamente migrantes e hijos de migrantes, que necesitan ingresos, pero tienen poco conocimiento sobre cómo utilizar los recursos que la selva ofrece. Comparten la noción que la única manera por la cual pueden ganarse la vida es trabajando con ganado. Para ellos, la selva vale más después de derribada y convertida en pasto.

Según esta visión, el futuro sostenible de la Amazonia exigirá la diseminación de conocimiento sobre la selva – sus usos, su importancia y su estado de conservación – y, sobretodo, un cambio en los valores a ella atribuidos. Las personas deberán importarse con la selva, tanto debido a los productos y servicios que ofrece, como por razones éticas y estéticas, culturales y sentimentales. Razón y emoción deberán formar las bases de una relación responsable con el bosque. Ya que, conocimientos y valores son adquiridos por medio de la experiencia y, sobretodo, por medio de la educación. Por eso, la crisis ambiental en la Amazonia es, en último análisis, también una crisis de educación. En respuesta a eso, creamos la Escuela de la Amazonia, cuyo objetivo es desarrollar y probar abordajes de educación para fomentar entre los brasileños – principalmente los más jóvenes- el interés, apego y, consecuentemente, el respeto por la selva.

La historia

Maratón de Nueva York, 1998. En el kilómetro 25 de un recorrido de 42 kilómetros, una repentina y completa fractura por estrés de mi fémur derecho puso fin a mi plan de completar la más famosa carrera pedestre del mundo. Caí en estado de choque sobre el asfalto frío sin tener la menor idea de qué había ocurrido y menos aún de las implicaciones que eso tendría sobre mi vida. Tres cirugías en los cuatro meses posteriores, una severa infección y nueve meses sin andar dieron también un fin prematuro a mi doctorado en ecología, ya que realizar el trabajo de campo en las reservas del Proyecto Dinámica Biológica de Fragmentos Forestales usando muletas sería imposible. En un paso del destino, se encerraba mi corta carrera de aspirante a ecólogo de bosques tropicales, pero mi vida profesional tomaba un nuevo rumbo que culminaría en la creación de la Escuela de la Amazonia.

“Caí en estado de choque sobre el asfalto frío sin tener la menor idea de qué había ocurrido y menos aún de las implicaciones que eso tendría sobre mi vida”
Mientras me recuperaba de la fractura, acepté la invitación para asumir el cargo de director académico del programa Manejo de Recursos Naturales y Ecología Humana en la Amazonia, de la School for International Training (SIT). SIT ofrece programas de estudios en diversos países – los Semestres Lectivos en el Exterior – que proporcionan a universitarios americanos una oportunidad rara de inmersión en temas específicos. El programa brasileño tenía su sede en Belém en el estado de Pará, donde los alumnos pasaban las cinco primeras semanas viviendo en casas de familia mientras frecuentaban clases de portugués y asistían a presentaciones de representantes de las instituciones locales dedicadas a la cuestión socioambiental en la Amazonia, tales como el Museo Emílio Goeldi, Imazon y Funai. En la etapa siguiente, pasábamos un mes entero viajando y conociendo un poco de todos que es relevante para la conservación y el desarrollo en la región, desde las hidroeléctricas de Tucuruí y Balbina y las madereras de Paragominas, minería en Carajás, Sierra del Navío y río Trombetas, plantaciones en Jari y Tomé-Açú, ganadería en Marajó y pesca en las costas del estado de Pará, hasta los trabajos del Proyecto Salud y Alegría en el río Tapajós y la Reserva de Desarrollo Sostenible de Mamirauá en las várzeas del río Solimões, En la última etapa del programa, los alumnos tenían un mes entero para desarrollar su propio proyecto de investigación, bajo mi supervisión.

La experiencia era fantástica, pero me incomodaba el hecho de que apenas algunos estudiantes americanos tenían el privilegio de conocer la Amazonia brasileña de modo tan completo y profundo. La mayoría de aquellos estudiantes no se involucraba con el tema de la conservación cuando regresaba a sus vidas en los Estados Unidos y prácticamente todos perdían el vínculo con la Amazonia. Decidí entonces buscar la manera de ofrecer aquella oportunidad a los estudiantes brasileños también. Fue con esta motivación que abrí, en 2000, la firma Amazonarium, cuya misión era incentivar y facilitar la venida de estudiantes a la Amazonia, ofreciendo excursiones y oportunidades de inmersión cultural en los moldes de la SIT. En aquel mismo año, por medio del Amazonarium, conocí a la empresaria y ambientalista Vitória da Riva Carvalho, doña Vitória, propietaria del Hotel de Selva Cristalino (Cristalino Jungle Lodge) y presidente de la Fundación Ecológica Cristalino (FEC), y con ella establecí una colaboración para llevar estudiantes a Alta Floresta, en el Arco de Deforestación.

En 2002, doña Vitória y yo dimos a nuestra colaboración el nombre de Escuela de la Amazonia. En el año siguiente, realizamos nuestro primer taller con jóvenes de escuelas públicas de Alta Floresta. Un poco más tarde, Edson Grandisoli, que felizmente era mi mejor amigo en los tiempos de la graduación en la USP, entró al equipo y pasó a traer a la Escuela de la Amazonia a grupos de jóvenes de secundaria de los colegios particulares de São Paulo donde enseñaba. En 2005, la Escuela de la Amazonia fue incorporada a la FEC y pasó a recibir apoyo de patrocinadores, gracias al empeño de su entonces director ejecutivo, Renato Farias. En el mismo año, regresé a la academia, con un doctorado por la Universidad de Oxford, en Inglaterra, para investigar los factores cognitivos, afectivos y sociales que determinan el comportamiento humano de matar grandes felinos y como usar educación y comunicación – como usar la Escuela de la Amazonia – para influenciar aquellos factores y aumentar la tolerancia humana a los jaguares. En los siguientes años, la Escuela de la Amazonia se consolidaría como un laboratorio de técnicas y estrategias en educación para la conservación.

Los objetivos

En estos 8 años de experimentos, la Escuela de la Amazonia exploró los medios para alcanzar fundamentalmente tres objetivos: (I) Identificar, mensurar y monitorear los factores que determinan el comportamiento de las personas en relación al bosque y su diversidad, (II) Influenciar tal comportamiento por medio de la educación, de modo a hacerlo más compatible con la conservación, y (III) Desarrollar un modelo de educación para la conservación que sea sostenible de los puntos de vista institucional y financiero.

“Entender el comportamiento humano en relación al mundo natural debería ser el primer paso de cualquier programa de educación para la conservación”
Entender el comportamiento humano en relación al mundo natural debería ser el primer paso de cualquier programa de educación para la conservación. Las principales amenazas a la biodiversidad – destrucción de hábitat, sobrexplotación, introducción de especies exóticas, y contaminación – son resultados directos del comportamiento humano. Al identificar y mensurar los factores personales y sociales que determinan un comportamiento de interés, el educador conservacionista puede escoger intervenciones que aborden específicamente los factores más relevantes, elaborando estrategias más efectivas y eficientes de cambios de comportamiento. La mensuración de estos factores permite también que el educador monitoree los cambios ocurridos por las intervenciones, evalúe el impacto de la educación y, por último, demuestre el suceso de su trabajo. A pesar de la importancia de estas evaluaciones, son raros los proyectos de educación ambiental que hacen uso de éstas. Educación para la conservación ha sido tradicionalmente un campo de trabajo de biólogos y otros profesionales de las ciencias naturales cuya formación académica no incluye las teorías y métodos de las ciencias sociales aplicados al estudio y al cambio del comportamiento humano.

Diversas actividades de la Escuela de la Amazonia tuvieron como punto de partida a los conocimientos, percepciones y valores del público-objetivo, evaluados de forma cualitativa y cuantitativa por medio de métodos de investigaciones en ciencias sociales adaptados a las peculiaridades locales. Cuestionarios, entrevistas individuales, grupos focales y mapas conceptuales son ejemplos de tales métodos. Construimos escalas para cuantificar las variables de interés e hicimos evaluaciones antes y después de las intervenciones para mensurar su impacto sobre los participantes. El mejor ejemplo de estos abordajes entre las actividades de la Escuela de la Amazonia fue el Proyecto Gente y Jaguares, tema de mi doctorado.

Los principales abordajes de educación experimentados en la Escuela de la Amazonia son aquellas que priorizan al aprendizaje activo, en el cual los alumnos construyen sus propios conceptos sobre las informaciones que adquieren explorando el bosque. Los alumnos son incentivados a compartir y discutir sus descubrimientos e ideas, generalizando de lo local a lo global. De esta forma, se aproximan a la comprensión de su conexión con el bosque; de cómo afectan y son afectados por la Amazonia.

En los talleres Un Día en el Bosque, actividades lúdicas son desarrolladas para despertar y fortalecer en los niños lazos afectivos con el bosque. Irónicamente, uno de cada cinco niños en aquella parte de la frontera agrícola de la Amazonia ¡nunca ha puesto un pie en la selva! El programa Prácticas Alternativas tuvo como objetivo estimular entre jóvenes del medio rural el interés por actividades económicas que no implican la tala del bosque, entre ellas el ecoturismo. El proyecto Mono-Araña-de-Cara-Blanca investigó el potencial del carismático primate, endémico de la región, como especie bandera para la protección del Parque Estadual del Cristalino. En el proyecto Gente y Jaguares, presentaciones y discusiones en el salón de clases y una variedad de herramientas de comunicación, entre ellas carteles, talleres de diseño, teatro, libros de actividades y una guía para productores rurales (Guía de Convivencia Gente y Jaguares) fueron desarrollados para aumentar la tolerancia de las personas a los grandes felinos. En los Talleres sobre Desarrollo Socioeconómico y Conservación de la Biodiversidad, alumnos visitantes de algunos de los más influyentes colegios particulares de São Paulo – probables futuros tomadores de decisiones – son expuestos a la realidad de la frontera del desmonte, discuten las oportunidades de integración entre desarrollo y conservación en la región, y reflexionan sobre su responsabilidad sobre el destino de la Amazonia, tanto como ciudadanos como también futuros profesionales.

Educación para la conservación lleva tiempo en causar el impacto deseado. Muchos proyectos de educación ambiental son encerrados por falta de apoyo institucional y financiero antes de cumplir plenamente su misión. Esto se constituye en desperdicio de recursos y contribuye para la noción de que la educación ambiental no es efectiva para fines de conservación. Educación ambiental, combinada con incentivos legales y económicos y participación comunal, puede sin ser efectiva, pero a largo plazo. Es vital, mientras, que esta sea sostenible institucional y financieramente.

“Muchos proyectos de educación ambiental son encerrados por falta de apoyo institucional y financiero antes de cumplir plenamente su misión”
La Escuela de la Amazonia probó mecanismos de sostenibilidad para la educación ambiental. En su colaboración con las escuelas locales, involucró a directores y profesores y propuso la creación de un Grupo de Trabajo en Educación para la Conservación, compuesto por representantes de las instituciones locales competentes, incluyendo las secretarías de educación y de medio ambiente, como un modo de dar legitimar sus acciones. Su asociación con un emprendimiento turístico privado nos proporcionó insumos sobre las oportunidades y sinergias en la integración entre educación ambiental y ecoturismo; la educación se beneficia de la infraestructura del turismo mientras agrega valor al emprendimiento en la medida que la conciencia socioambiental crece entre los turistas. Además de esto, turistas pueden contribuir directamente por medio de “tasas de conservación”, de la compra de productos del proyecto tales como poleras, adhesivos y publicaciones, y de la divulgación del proyecto a través de las redes sociales.

En el programa Escuelas Hermanas, fomentamos la cooperación entre escuelas públicas rurales locales y colegios particulares visitantes, con beneficios académicos para ambos lados y beneficios materiales para la escuela local, ya que la cooperación involucraba la donación de material escolar por el colegio visitante y parte de renta generada por la visita era usada para subsidiar a participación de los alumnos de la escuela local. Por este esfuerzo en desarrollar un modelo sostenible de educación ambiental, disminuyendo la distancia geográfica y cultural entre clases sociales en un país de desigualdades como nuestro Brasil, la Escuela de la Amazonia recibió el Whitley Award 2007. El premio es considerado el Oscar de la conservación en Inglaterra y fue recibido de las manos de la Princesa Anne en Londres.

Las realizaciones y los próximos pasos

La Escuela de la Amazonia evaluó más de 2000 estudiantes de escuelas locales y de grupos visitantes e involucró en sus experimentos aproximadamente a 1500 niños y jóvenes y 50 profesores de 15 escuelas públicas locales, y más de 300 jóvenes y 25 profesores de 5 colegios particulares de São Paulo y 2 universidades extranjeras. Nuestros resultados han sido presentados en congresos y otros eventos y publicados en medios de comunicación popular y científica. Con el fin de compartir con otros educadores conservacionistas las lecciones aprendidas, lanzamos a finales del 2010, en el Zoo de São Paulo, el curso Planificación, Implementación y Evaluación de Acciones en Educación Ambiental.

Como es común en la investigación científica, algunas de las cuestiones respondidas a lo largo del camino suscitaron nuevas preguntas. Entre las próximas preguntas a ser abordadas por la Escuela de la Amazonia, las más estimulantes son las referentes a la reaplicabilidad del proyecto. Estamos buscando oportunidades de probar la aplicabilidad de algunos de nuestros abordajes en otras partes del Arco del Desmonte y de la Amazonia como un todo, en los otros biomas brasileños y en diferentes contextos institucionales, con interés especial en los contextos empresariales y gubernamentales. Esperamos así contribuir para que los brasileños asuman su papel en la conservación de los bosques y de la biodiversidad excepcional que nuestro país alberga.


Silvio Marchini es doctor en Conservación de la Vida Silvestre, fundador de la Escuela de la Amazonia. E-mail: silvio@escoladaamazonia.org




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