He vivido toda mi vida en la Amazonia ecuatoriana y crecido junto con mi familia. Desde muy temprana edad trabaje con mi padre desde que pude agarrar un machete y seguirlo a la finca de café y cacao para poder vivir. Durante mi secundaria estudie en un colegio internado con veintiún días de estudio y una semana de vacaciones. Desde mi niñez me han gustado las ciencias naturales porque alrededor mío habido selva y he aprendido como la vida y la naturaleza funcionan, también la interacción entre el hombre y la naturaleza. Siempre que tengo tiempo me dedico a leer y a conversar con todo tipo de gente - es una manera de conocer el mundo. Algunas veces me veo limitado a acceder a la información o encontrar libros y otras fuentes porque en mi cultura no es costumbre leer.

Cuando reflexiono sobre la situación de la Amazonía pienso que la salud y la educación son servicios que no tenemos en cantidades suficientes en esta región. Yo pienso que, si tenemos más gente educada que puede tener conciencia sobre su propio entorno natural, habría menos problemas con la deforestación. La educación en la región amazónica por razones políticas y económicas siempre ha sido de mala calidad. Tanto en primaria como la secundaria mis calificaciones escolares eran muy deficientes y tenía poco interés en los estudios por la mala calidad de educación que estas ofrecían, además de no tener muchas opciones para estudiar ya que mi familia no cuenta con los medios para enviarme a otro lugar a estudiar.

Una de las experiencias más importantes que tuve fue cuando cambie de colegio y viví tres años en un colegio en la selva, con un sistema de educación completamente diferente del sistema público. Por estos años compartí con estudiantes de distintas culturas de la Amazonia y voluntarios de otros países que enseñaban clases de inglés. Yo siento que crecí interiormente y obtuve ideas de diferentes puntos de vista, quienes me permitieron conocerme a mí mismo.

A pesar de haber vivido toda una vida en medio de la naturaleza y del bosque, el valor que le había dado no era suficiente para preocuparme abiertamente por conservar ese entorno. Lo único que sabía era que mi padre iba a cazar y que debía talar los árboles para sembrar y poder alimentarnos. En el colegio al que asistí en la secundaria “Yachana” aprendí que todo en el bosque tiene importancia. Por ejemplo, que las termitas ayudan a que los árboles que caen se degraden y sirvan de abono a otros árboles, que las orugas de mariposa se alimentan de una especie determinada de planta, que si la planta que estas orugas comen se extingue también las mariposas se extinguen y que todo por más pequeño que sea en la naturaleza cumple un rol muy importante.

Esta experiencia ha influido en la mayoría de estudiantes. El colegio al que asistí tiene una filosofía que se llama “aprender haciendo” y así es como todos los estudiantes, aprendimos trabajando en cada una de las áreas que tuvimos. Por ser un colegio internado, teníamos el siguiente horario: a las cinco y treinta de la mañana estábamos de pie para hacer el aseo de nuestro cuarto y personal, seis de la mañana estábamos desayunando. A las seis y treinta todos formábamos para recibir instrucciones de los directores y luego ir a trabajar en cada una de las áreas.

Las áreas en las que trabajábamos eran de agronomía, pecuaria, microempresas y turismo. Cada semana rotábamos en pequeños grupos por cada una de ellas. Gran parte de los alimentos para la cocina dependían de lo que se producía en las áreas de agronomía y pecuaria - en agronomía se sembraba tomate, pimientos, frejol, cebolla, espinaca, arroz, etc. En pecuaria, se criaba pollos, cerdos, peces y gallinas ponedoras. En microempresas se elaboraban artesanías y se estampaba camisetas para vender a los visitantes. En el área de turismo un grupo de estudiantes visitaba el hotel que es de la fundación para aprender sobre guianza, cocina y servicio. A las doce del mediodía era el almuerzo y a la una de la tarde empezaban las clases, que se enfocaban principalmente en la teoría sobre lo que se hacía en la mañana de trabajo además de las clases regulares.

Todas estas experiencias han cambiado mi vida ciento ochenta grados porque, después de graduarme del colegio, tuve la oportunidad de ingresar a la universidad con una beca y escribir para una publicación llamada Our Planet, pueden visitar la página web www.ourplanet.com. Debo poner énfasis en que todos estos sueños se han hecho realidad gracias a la Fundación Yachana.


Fabio Legarda tiene 20 años, es estudiante de Administración en la Universidad San Francisco de Quito, en Ecuador. Nació en la comunidad ribereña Huaticha y también sueña con ser periodista.



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