Ramiro Escobar
La empresa Chevron, que en el 2001 compró la petrolera Texaco, está en prácticamente en pie de guerra desde el pasado 14 de febrero, un día nada amoroso para ella, cuando el juez ecuatoriano de la provincia de Sucumbíos, Nicolás Zambrano, falló a favor de quienes en el año 2003 la demandaron. La sentencia: que la compañía petrolera pague 9. 5 mil millones de dólares por los daños que ocasionó en una zona amazónica de ese país.

La abultada suma ha hecho que este sea denominado ‘el juicio de la historia’, debido a que nunca antes se había exigido tal cantidad de dinero a una empresa, por motivos ambientales. El juez sentenció que la empresa debe pagar 5,396 millones por limpieza de suelos, 1400 millones para sistemas de salud, 800 millones para atender a los pacientes afectados por cáncer (presuntamente debido a la contaminación petrolera), 250 millones para recuperación de especies y ecosistemas, 150 millones para proyectos de agua y 100 millones más para reparar daños culturales. Todo un cúmulo de reparaciones millonarias.

La demanda que originalmente solicitaba 27 mil millones de dólares, había sido presentada primero en 1993 en Texas, Estados Unidos, donde fue rechazada. Luego pasó a una corte neoyorquina, donde tampoco fue aceptada. En el 2003, se llevó a la Corte Superior de Sucumbíos (oriente ecuatoriano). Ocho años después, ésta ha fallado a favor de los demandantes –un colectivo de indígenas y pobladores- que exigían una reparación por los daños que, según ellos, Texaco provocó entre 1964 y 1992 en esos ecosistemas.

Según la agencia Noticias Aliadas (que emite noticias a nivel regional), en ese lapso la empresa construyó 339 pozos, en 15 campos petroleros, lo que habría producido vertidos de millones de barriles de agua tóxica en la selva ecuatoriana. También habría dejado 6276 piscinas y afectado a unas 30 mil personas, principalmente a indígenas de las etnias waorani, kiwchua, siona, cofán y secoya. El aumento de casos de cáncer en la zona también fue un acicate para la demanda, que ha causado revuelo en EEUU y Ecuador.

James Craig, vocero de Chrevron, ha anunciado, por cierto, que la sentencia es ilegítima e inaplicable, pues se basa en conspiraciones y no en evidencias científicas. Tiene a su favor que, a comienzos de febrero, la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya (Holanda), dispuso que, temporalmente, no se aplique ninguna sentencia contra la empresa en Ecuador. También que una Corte Federal de Nueva York estableció, el 8 de febrero, que no se ejecute ningún fallo relacionado con el caso seguido en Ecuador.

Producido el fallo en Sucumbíos, dicha corte ha extendido el plazo hasta el 8 de marzo, pero Pablo Fajardo, el abogado de los querellantes, ha declarado en Quito, para diversos medios, que esas maniobras de la compañía no funcionarán, y que es momento que Texaco “responda por su crimen y pague el costo económico para la reparación del daño ambiental causado”. Todo hacer prever, sin embargo, que la lucha judicial aún durará, porque Chevron ha demandado también a varios de quienes la han demandado.

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