Un ave que aún conserva rasgos evolutivos del Jurásico Superior, trepa y se zambulle por los caños de la ribera del río Orinoco. Desde que son pichones, sortean las amenazas de cualquier depredador, con una eficacia tal, que le ha permitido mantener una alta población de su especie.

Como toda ave, la chenchena o guacharaca de agua, cumple un ciclo vital dentro de los ecosistemas acuáticos. Conocida en el mundo científico como Opisthocomus hoazin, es una de las tres especies de aves que presenta en sus alas unas garras parecidas a las encontradas en el dinosaurio Archaeopteryx, un fósil considerado el eslabón perdido entre los reptiles y las aves que vivió en Alemania hace 145 millones de años atrás.

Las otras aves con estas características son el avestruz y el touraco; sin embargo la chenchena vive el mismo tipo de vida que se supone vivió su antiguo pariente: salta, aletea, y se lanza por los ríos donde habita. Razón suficiente para impulsar una campaña de conservación de esta ave tan peculiar del corredor ribereño del Orinoco.

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Evelyn Guzmán es comunicadora ambiental egresada de la Universidad de Los Andes, Venezuela. Desde 2003 coordina la página EcoCiencia de El Diario de Guayana y es autora del blog Ciencia Guayana. Ha sido becaria de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano y de la Fundación Ealy para cursar estudios de periodismo científico y ambiental.




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