El curupira es un ser legendario. Tradicionalmente es caracterizado como un enano peludo que vive en el bosque y se dedica a proteger a los animales salvajes. Tiene los pies al revés y así confunde al cazador, que sigue sus rastros en la dirección contraria. El curupira es dañino, hasta malvado dicen, siempre dispuesto a molestar a las personas en el monte. Muchos le tienen miedo, tan solo de oír su silbo en la noche, quedan asustados.

Soy ornitólogo, o sea, un cientista que estudia a los pájaros. Ando mucho por el interior, en los montes más alejados, en el intento de catalogar toda clase de pájaros que viven en diversas regiones amazónicas. Pongo mucha atención a los sonidos del bosque, en todo tipo de ruido del monte. Eso porque toda clase de pájaros hace un sonido diferente, y es mucho más fácil oír el canto de un pájaro que observar al cantor. Cuando ya conozco el canto, mi trabajo es fácil— es sólo anotar el nombre del bicho que oí. Es cuando escucho un sonido desconocido que la cosa se complica. Ahí tengo que andar detrás de aquel sonido hasta descubrir qué tipo de animal hizo aquello. Salgo hasta la noche, cuando cantan los búhos y los atajacaminos. Fue en el transcurso de este trabajo que conocí un curupira.

Luego que comencé a estudiar aves en esta región, hacen ya veinti tantos años, conocí un sonido nocturno que escuchaba en noches de luna, pero sin saber de dónde venía. Es un silbo largo y melancólico, descendiendo el tono, como hace el sonido de una bomba cayendo del cielo antes de estallar, como en las películas de guerra: “fiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiuuuuuuu.

Preguntaba a los colegas — investigadores y exploradores del bosque —y nadie sabía con seguridad lo que era. Uno sugirió que era la voz del tigana (ou ave sol), un pájaro que anda en el suelo y tiene un canto silbado. No conocía el tigana en la época, entonces cuando escuchaba el sonido yo salía al bosque en la noche buscando cerca del suelo con una linterna. Silbaba para llamar al misterioso bicho, pero parecía que nunca llegaba cerca, y nunca conseguía verlo.

Mi compañero de trabajo de la época, Jairo Miranda Lopes, me avisó, “Ese no es el tigana, Mario. Fui criado en el interior de Pará y conozco muy bien el ave; sé incluso como es su nido; sé que él es más del área de bosques de inundación y de orillas de ríos o de lagos, y no del bosque de tierra firme. Su voz es diferente. Ahora, no sé qué bicho es ese que está cantando, tal vez es un búho o algo así. Pero el tigana no es.” Jairo era un excelente asistente de campo y conocía muchas cosas, y confíe en él.

Así pasaron unos dos años. Hasta que un día, en plena noche, la luna casi llena ya alta en el cielo, escuché de nuevo aquel canto. Yo estaba en el campamento a orillas del bosque, y pregunté a Jairo, que ya estaba preparando nuestra cena, si había oído. “Sabe Jairo, aquel que usted insiste que no es tigana,” e imité el sonido, silbando.

En un instante, se posó, en la punta de un gajo seco, bien alto en un árbol grande a orillas del campamento, un pájaro. Él cantó, aquel silbido triste y asombroso. En la débil luz del anochecer, no se pudo ver mucho. Pero él continuó cantando en el mismo gajo, y cuando el cielo quedó más oscuro mi linterna le iluminaba bien. Vi por los binoculares que era un pequeño urutaú, del tamaño de un atajacaminos, oscuro con una mancha blanca en el ala. ¡Nada que se conozca en la región amazónica!

Urutaus são aves noturnas, da família que inclui a “mãe-da-lua” ou urutaí. Lembram corujas, só que não caçam com as garras e só comem insetos. Na realidade, são mais próximos aos bacuraus (ou curiangos). Os dois caçam voando, pegando insetos voadores, como besouros e esperanças, com sua boca larga feito boca de sapo. Seus olhos brilham grandes e vermelhos na luz de uma lanterna. A maior diferença entre o bacurau e o urutau é que o bacurau senta no chão ou deitado num galho, enquanto o urutau pousa em pé, na ponto de um galho. De dia, um urutau assustado no seu poleiro estica seu corpo, o bico apontado para cima, para parecer uma extensão do galho onde senta, e sua coloração camuflada imita a casca de uma árvore.

Urutaús son aves nocturnas, de la familia que incluye a la madre-de-la-luna o guajojó grande. Recuerdan búhos, sólo que no cazan con las garras y sólo comen insectos. En realidad son más próximos a los chotacabras o gallinaciegas. Los dos cazan volando, atrapando insectos voladores, como escarabajos y grillos, con su boca larga como la boca de un sapo. Esta y las seguintes fotos mostran el pájaro estaca (Nyctibius griseus), una espécie de urutau un poco mas grande que la nueva (foto por el autor).

Pero más revelaciones me esperaban. Aquella noche, nosotros aún conmemorando nuestro sorprendente descubrimiento, Jairo me contó todo. Dijo que él y muchas personas ya conocían aquél canto, sin nunca haber visto al cantor. Dijo que la gente dice que es el curupira, y que él conocía un muchacho que no podía dormir mientras escuchaba el sonido, de tanto miedo que sentía.

Años más tarde, en el interior de Pará, silbé el mismo canto para un señor que vive cerca de un gran bosque, y pregunté si lo conocía. Sus ojos brillaron al escuchar mi imitación: “Claro que lo conozco. Me cansé de escuchar eso, más aún en las noches de luna.” “¿Y qué es lo que produce este sonido?” pregunté. “La gente dice que es el curupira. No sé si creo. Pero es lo que la gente dice.””

A lo largo de los años ya encontré este pájaro en varios lugares en el estado de Amazonas, de Borba a Barcelos, y en Pará también. Un pájaro que, hace pocos años, era desconocido por la ciencia ahora parece ocurrir en la Amazonia entera. Y en todos los lugares donde pregunto a los pobladores si conocen el canto, la respuesta es siempre la misma. Sí conocen, y dicen que es el curupira.

Para mi esta historia tuvo dos lecciones. Una fue que el campesino del interior tiene mucho conocimiento que puede ayudarme en mi trabajo. Sólo por repetir el canto de este pájaro a un buen conocedor, puedo descubrir si la especie ocurre en la región. La otra lección fue que existen aún muchas cosas a ser descubiertas en esta inmensa Amazonia. Esa “nueva” ave, una especie no descrita aún**, fue encontrada en los bosques cerca de Manaus. Pasó desapercibida por siglos de estudios científicos, ya que sólo sale por las noches y vive en la copa de los árboles más altos de los bosques no tocados. El único conocimiento de esta especie fue un conocimiento folclórico que atribuía su canto a una leyenda. Imagine cuántos otros de estos casos aún esperan ser desmitificados.

 

¿Y el curupira mismo? ¿Será que existe? No sé (y tal vez nunca sabré, pues mi investigación es otra). Sé que me gustaría pensar que existe alguien dedicado a luchar por la protección de todos los seres del bosque. Sé también que nunca vi un enano peludo en el monte con los pies al revés. Pero ya vi quien hace el sonido que muchos atribuyen al curupira, y es un pájaro. Ahora, si ese pájaro sirve para llamar la atención hacia la maravillosa variedad de animales y plantas que existen en el bosque amazónico, muchos aún poco estudiados, y de esta forma concienciar al pueblo para proteger los bosques donde viven todas esas criaturas, entonces, de cierta forma, él es un curupira. ¿O no? (Traducción Giovanny Veras)
Cantos de la Amazonia

Foto: Cristiano Mariz

Mario Cohn-Haft es un investigador en Ecología y Curador de la Colección de Aves del Instituto Nacional de Pesquisa de la Amazonia (INPA) en Manaus; estudia los pájaros de la región desde 1987.


Esta columna presenta la Amazonia a través de los ojos y los oídos de un biólogo especializado en aves. Cada historia es la crónica de algún aspecto de la historia natural de la región, que van desde la vida peculiar de un animal o especies de plantas hasta comentarios sobre los desafíos y las amenazas a la conservación.
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