Escrito por Gustavo Faleiros
Jueves 03 de Febrero de 2011 21:08
Cuando investigadores de Reino Unido y Brasil decidieron unir fuerzas para estudiar los impactos de la sequía en la Amazonia en 2010, no sabían que estaban próximos a descubrir un resultado tan asustador. Pese que la cantidad de lluvias en el año pasado en toda la cuenca haya sido superior a la de 2005, cuando fue registrada la sequía record en la región, los efectos sobre la vegetación fueron mucho más extensos. Mientras la mortandad de árboles cinco años atrás llegó a 2,5 millones de kilómetros cuadrados, en 2010 el impacto amplió a 3,5 millones. O sea, llegó a más del 50% de todo el bioma (5,3 millones km²).
Los resultados están publicados en la edición de esta semana de la revista Science. El artículo tiene como autor principal al investigador Simon Lewis, de la Universidad de Leeds (Inglaterra) y contó con la participación de Daniel Nepstad y Paulo Brando del Instituto de Pesquisas de la Amazonia (IPAM), además de los investigadores Oliver L. Philips, también de Leeds, y Geertje M. F. van der Heijden, de la Universidad de Sheffield.
Titulado “La sequía de 2010 en la Amazonia”, el estudio muestra que, en la práctica, el evento transformó a la Amazonia en contribuidora de peso para las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto quiere decir que la biomasa muerta de los árboles, sea por quemas o descomposición, acabará tarde o temprano en la atmósfera. Según cálculos de los investigadores, en 2010, 2,2 billones de toneladas de carbono fueron generadas con la muerte de los árboles. En 2005, a pesar de la mayor severidad de la sequía, el total de emisiones fue de 1,6 billones de toneladas de carbono.
La Amazonia absorbe por año cerca de 0,7 billones de toneladas de carbono. O sea, si este total fuera reducido de las emisiones causadas por la sequía de 2010, luego se percibe el saldo negativo de 1,5 billones de toneladas de CO2 en la cuenta de la selva.
La conclusión del texto de los investigadores en el artículo es alarmante: “La ocurrencia de dos grandes sequías, separadas en un intervalo de diez años, puede compensar largamente el carbono absorbido por las selvas intactas de la Amazonia durante ese periodo. Si eventos como estos se hacen más frecuentes, la selva amazónica llegará a un punto crítico, en el que dejará de ser un valioso reservorio de carbono para tornarse una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero”, aclara Paulo Brando en un comunicado a la prensa.
Impactos sobre el terreno
El investigador Daniel Reptad, de IPMA, afirma que los cambios en el clima ya están siendo sentidos en el campo, pero eso no los preparó para la sorpresa. “Hemos observado en nuestra estación en Mato Grosso una reducción de 25% de las lluvias en relación a los 10 años anteriores, pero no lo sabíamos hasta ver los datos de la extensión de esta sequía”, afirmó en entrevista a ((o))Eco.
Daniel destaca como las sequías severas deben cambiar la calidad de vida de quienes viven en la Amazonia. Poblaciones indígenas y ribereñas viven cada vez con niveles de polución más elevados, causados por los incendios forestales más constantes. Además, como se vio con las poblaciones que habitan el río Negro, existe el problema de aislamiento de comunidades que dependen solamente del transporte fluvial.
Además de contabilizar el total de árboles muertos, el estudio también demuestra un aumento en el área afectada por las anomalías de las lluvias. Como otros artículos vienen demostrando, como los de los investigadores del INPE José Marengo y Javier Tomasella, los efectos no sólo afectaron las cuencas del sur de la Amazonia como ocurrió en 2005, sino también a las del norte.
Nepstad, así como otros investigadores, resalta que aún no es posible explicar la severidad y la frecuencia de los eventos climáticos con posibles alteraciones provocadas por el calentamiento global. Existen, según Nepstad, buenos trabajos detallando los orígenes de los fenómenos en el calentamiento o enfriamiento del Pacífico (popularmente conocidos como El Niño y La Niña, respectivamente) y, más recientemente, en las variaciones de temperatura del Atlántico. (Lea aquí el artículo de Marengo y Tomasella).
“Pero existen varios otros factores que aún no son comprendidos, como por ejemplo la influencia de grandes cantidades de humo sobre las lluvias”, pondera. Observaciones recientes demuestran que puede haber una influencia negativa de las quemas sobre las precipitaciones en la Amazonia. El mismo efecto (reducción de lluvias) puede estar siendo causado por una menor evotranspiración en la región, causada por el cambio de selvas por zonas de pastura y soya.
Los autores del artículo en Science refuerzan los argumentos de que acciones globales de reducción de gases de efecto invernadero son tan esenciales para el futuro de la Amazonia como las propias políticas de reducción de la deforestación en los 9 países que abarca la selva amazónica. “Si la humanidad continua emitiendo gases de efecto invernadero, estará jugando a la ruleta rusa con la mayor selva tropical del mundo”, dijo el investigador Simon Lewis, de la Universidad de Leeds.
Nepstad también argumenta por acciones concretas, como el manejo de la quema en la Amazonia. Lea el especial "La trayectoria del humo"
“Sabemos que aún selvas estresadas (por la sequía) no se queman solitas”, menciona, recordando el estudio realizado junto a la investigadora Ana Alencar (también de IPAM) que demostró que son áreas fragmentadas de la selva las más susceptibles a los incendios.
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