Escrito por Adriano Gambarini
Lunes 07 de Junio de 2010 13:10
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La neblina ni desapareció completamente y el sol caliente aún por venir ya pronosticaba una aventura un tanto osada por las aguas de Pará: salir remando de Belém en kayaks oceánicos, cruzar la temida bahía de Marajó y seguir por el río Ararí, que corta prácticamente de sur a norte toda la isla. Ya en el extremo norte, cruzar el canal del Sur, uno de los brazos violentos de la desembocadura del río Amazonas, y terminar el viaje en la isla Mexiana, exactamente en la línea del Ecuador. ¡Un viaje previsto para durar 15 días, y nada más y nada menos que 350 km de remo! En total fueron cinco kayaks, siendo uno doble; una pequeña trainera de apoyo propiciaba un poco más de movilidad para mi documentación fotográfica, cargando parte de los equipos – durante todo el tiempo que remé, trabajé con la cámara de buceo.
Una jornada suficientemente arriesgada para que los pescadores incrédulos balbucearan: “¡Con estos casquitos no llegan ni siquiera a Cotijuba!” (25 km de allí). La dificultad ya conocida por la población local está principalmente en la travesía del río Pará, en la bahía de Marajó, famosa por su mal humor y que los pescadores locales sólo enfrentan con mucha cautela. Pero sorprendentemente el día amaneció nublado, óptimo para calmar los nervios de estas aguas tempestuosas. El destino, después de 8 horas de travesía y un viento de 20 nudos agarrando de sorpresa a algunos, fue la villa de Tartarugueiro, en la entrada del río Ararí. La villa, fundada por descendientes de esclavos, tiene una población que no llega a las 100 personas, prácticamente todos parientes; viven de la pesca, producción de asaí, bacurí, yuca y otras frutas amazónicas que son vendidas semanalmente en los mercados de Belém.
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El archipiélago de Marajó es considerado el mayor archipiélago marítimo fluvial del mundo, siendo que la isla posee un área que sobrepasa los 40 mil km2. Más de 2 mil islas e islotes se distribuyen por los meandros insulares. Extremadamente plana, posee algunas lomas o elevaciones consideradas artificiales, llamadas ‘tesos’, cuyo origen, dicen, remonta a la época precolombina hechos por los indios locales. Dicen…
Cuanto a la fisonomía del paisaje, Marajó está lejos de ser apenas charcos habitados por búfalos. En todo el transcurso de la expedición pude notar una gran variación de ecosistemas, que va desde bosque tropical húmedo, campos mixtos inundados y campos de várzea, manglares y cerrado. Las tempestades fueron una constante; pero de la misma forma como surgían, desaparecían por el momento.
La primera ciudad alcanzada fue Cachoeira de Ararí, donde se encuentra el Museo de Marajó, fundado informalmente por el italiano Giovanni Gallo en 1972. Pero en 1984 se hizo efectivo y abierto al público, con una infinidad de hallazgos arqueológicos, cerámicas, utensilios, memoria de los hábitos y modos de vida del pueblo marajoara. Lo más sorprendente, en estos confines brasileños es encontrar lugares así, cuya propuesta de rescate y conservación de la historia del país sólo sucede por la iniciativa individual de personas visionarias. Vi cerámicas y urnas funerarias en patios de granjas en un verdadero escenario arqueológico a cielo abierto.
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Después de Cachoeira de Ararí comenzamos a usar los famosos ‘huecos’- pequeños atajos entre la vegetación rastrera de los campos – que cortan, y confunden los caminos. En la línea del agua todo es absolutamente igual, y es fantástica la capacidad de los habitantes de ubicarse en aquel mar de agua, pasto y flores acuáticas. Muchos de estos “huecos” son creados con los movimientos de los búfalos, que pesadamente forman sendas en los campos en la época seca, y canales en los periodos de lluvia. Incluso dicen que todo este movimiento durante todas las décadas de producción bufalina ha venido alterando considerablemente la hidrología de la isla. Dicen…
La villa de Jenipapo, considerada la mayor población suspendida del mundo, fue alcanzada después algunos días. En realidad es una gran villa fijada sobre palafitos, toda en madera y, dicen, con más de 10 km de puentes que conectan a las casas, iglesia, comercio, corrales y huertas.
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Todo sucede sobre puentes, todo es arrojado dentro del agua… A pocos kilómetros de Santa Cruz de Ararí, importante ciudad a orillas del lago Ararí. Camino para los barcos que transportan personas y suministros de Belém hasta la parte norte de la isla. No es raro ver búfalos montados como si fuesen caballos, con derecho a montura y alforja para cargar las compras y que quedan estacionados en la entrada de los bares, donde vaqueros (¿O será bufaleros?) se codean entre las mesas de billar; y entre un trago y otro, una riña para relajarse.
Séptimo día de viaje, y los callos y las alergias comenzaron a mostrar señales de vitalidad. Después de Santa Cruz de Ararí percibimos una característica fluvial muy interesante; hasta que llegamos al lago, subimos contra la corriente todo el tiempo, ya que las aguas del río Ararí desembocan en el río Pará. Ya en esta parte norte es lo contrario, y por el hecho del canal de los Mocoões – construido artificialmente para facilitar el tránsito de los barcos que transportan búfalos – ser más estrecho, la corriente es mayor y a favor en dirección a la desembocadura del Amazonas.
El paisaje ahora muestra sólo campos de haciendas, y no fueron pocas veces en las que nos perdimos, a pesar de las coordenadas y el GPS en mano. Debido al tránsito permanente de búfalos, y por consecuencia, robos frecuentes, la tranquilidad de eventuales descansos en las orillas era constantemente frustrada por guardaespaldas armados.
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La travesía por el río Egipto trajo de vuelta el misterio natural que ronda esta isla; aguas oscuras y frías, estrecho, poco soleado, con grandes extensiones de mururés (especie de planta acuática) cerrando y dificultando la remada, y aumentando la posibilidad de un encuentro en la oscuridad con alguna sicurí habitante. Y así fue hasta Arapixí, una verdadera ciudad escenográfica próxima al canal del Sur. Formada por un “cuadrado” de casas que circundan la iglesia, todas de madera, cuidadosamente pintadas, reformadas y suspendidas. Es rodeado por plantaciones naturales de asaí y palmeras burití, dando un aire aún más campestre.
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La última etapa del viaje, la travesía del canal hasta la isla Mexiana fue abortada debido a las ondas amazónicas impidiendo cualquier intento osado de navegación. Sin embargo, el intento se produjo, pero dos kayaks se volcaron con graves daños y pérdida del equipo.
Pero en la isla Mexiana, el destino final de la línea cero del Ecuador fue alcanzado, así como la confirmación de que Brasil, es antes de todo, un mundo a ser explorado. Y cuidadosamente preservado, antes que se acabe…
* La expedición fue organizada por Kaluanã, agencia de deportes extremos en Belém. Contó con un grupo de 7 personas, más el apoyo de habitantes locales.
Adriano Gambarini es fotógrafo desde 1992. Formado en Geología, espeleólogo y buceo, es miembro del Consejo de Pro-Carnívoros, y fotografía para WWF, TNC, CI y Terra Brasilis. Autor de ocho libros fotográficos y dos de poesía; escribe artigos para revistas especializadas en medio ambiente, cuenta con más de 80 mil imágenes de biodiversidad, cuevas y cultura de Brasil, Antártida y 17 países.
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