“El río Pailas está taponado y hay bufeos atrapados”, denunció a principios de junio el ciudadano brasileño Ismael Freire, propietario de la hacienda Seis Hermanos, refiriéndose al río que pasa cerca de su propiedad ubicada en el municipio de San Pedro, a 360 km al norte de Santa Cruz, Bolivia.

Según las informaciones de los rescatistas, habrían quedado atrapados 9 delfines bolivianos de agua dulce (Inia boliviensis) en un recodo del río Pailas, afluente del río Grande, siendo un espécimen joven femenino, seis adultos y dos crías, que buscaron aguas tranquilas para procrear. Sin embargo, debido a la sedimentación y al bajo caudal del río - posiblemente ocasionados por la deforestación y otras actividades humanas en la región - se cerraron las salidas de los bufeos al río Grande.

Los sedimentos arrastrados por el río Pailas crearon un tapón o dique de 300 metros y cerca de 3 metros de altura, comentó Mariana Escobar, especialista del Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado (MHNNKM), quien afirmó que “este es un ejemplo de lo que puede pasar con una especie como el bufeo, que estaba en zonas conservadas, pero las intervenciones humanas alteran el hábitat”.

Luego de la denuncia y con el concurso de la prensa nacional a través del movimiento comunicacional iniciado, se fue generando un plan para el rescate de los, hasta ese momento, 9 bufeos. A pesar del interés logrado de los gobiernos nacional y departamental, instituciones ambientalistas nacionales e internacionales, el trabajo se fue atrasando, debido a las condiciones políticas, a las inundaciones ocurridas, al frío y a la falta de recursos.

A mediados del mes de agosto estuvo listo el plan de rescate, el que fue puesto en marcha en colaboración con varias instituciones, como el Gobierno Departamental de Santa Cruz, MHNNKM, Instituto de Ecología, FUNSAR, WWF, WDCS, Fundación Omacha, Fundación Estás Vivo, GTB, Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, Universidad Mayor de San Andrés, Zoológico de Santa Cruz, Club Caza y Pesca, además de contar el apoyo de cerca de 60 personas, entre veterinarios, biólogos, rescatistas, universitarios, ambientalistas, autoridades y voluntarios.

El rescate

El plan del rescate fue liderizado por Mariana Escobar del MHNNKM, quien junto a las demás instituciones coordinó el reconocimiento de la zona para diseñar posibles rutas de evacuación desde el río Pailas hasta una zona del río Grande donde estarían seguros los bufeos. Según ella, los viajes de exploración realizados a la zona del rescate sirvieron para “conocer las serias amenazas que sobre esta especie recaen en esta área de su distribución, encontrándonos con una alta deforestación de la cuenca, vertido de agroquímicos y sobrepesca (…)”, por lo que cree que es necesario realizar acciones que fomenten la protección de áreas de la cuenca que aún estén en buenas condiciones.

El 19 de agosto ingresaron a la zona para ejecutar el rescate de los bufeos, pero ya al inicio se dieron cuenta que la ruta establecida inicialmente no estaba accesible, al estar repleta de tarope (Eichhornia crassipes), haciendo imposible el paso y obligando a buscar una alternativa. Así fue como se decidió usar otro camino, que resultó tan difícil que hizo necesaria la utilización permanente de un tractor para remolcar los vehículos atrapados en el fango y el barro.

El trabajo fue dividido en 4 etapas: a) Captura de delfines en el río Pailas; b) traslado al Puerto B; c) transportarlos en camioneta por dos kilómetros hasta el río Grande; y d) llevarlos a Puerto Piraña en botes inflables para liberarlos en el río Grande.

Fueron los voluntarios de FUNSAR quienes se encargaron de la parte “física” del rescate, como indica Runny Callaú, responsable de la institución: “Tuvimos que preparar las lanchas, ubicar los vehículos, abrir caminos, construir una plataforma, habilitar puertos y mover a la gente”.

En las primeras capturas lograron hacerse de dos bufeos juveniles, con un peso aproximado de 55 kg cada uno, siendo que uno de ellos terminó herido en su aleta y cola por la lucha en la red. Con la asistencia de los veterinarios y voluntarios se pudo medicar las heridas y evitar el sangrado. Para el traslado de los animales fuera del agua se acondicionaron vehículos con colchonetas, toallas mojadas para hidratar a los animales y carpas para evitar que los rayos del sol les lleguen directamente y les dañen su sensible piel. De esa forma fueron trasladados a Puerto Piraña y al río Grande, tratando de darles acceso a una zona con mejor calidad del agua y a un mejor hábitat.

La ardua tarea del rescate de los delfines, se dio por terminada el día 29 de agosto, con un resultado mucho mejor de lo esperado: No fueron 9 los delfines rescatados, sino 20 en total, siendo que aún han quedado por lo menos 4 individuos más, debido a la falta de insumos para continuar el rescate. Sin embargo, los rescatistas y voluntarios, han prometido que volverán.

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