Manaus, estado de Amazonas (AM)- Para el mestizo de la Amazonia, igapó es cualquier bosque inundado, aún por ríos fangosos. Pero los investigadores tienen un sentido más estricto para el término. Son bosques inundables por ríos de aguas negras, ácidas y que cargan pocos nutrientes, que ocupan cerca de 100 mil kilómetros cuadrados del bioma. Un paisaje antiguo, formado a lo largo de 600 millones de años de evolución natural, pero que tarda en recuperarse cuando sometido al fuego.

Durante la maestría en el Instituto Nacional de Pesquisas de la Amazonia (INPA), el biólogo Bernardo Flores estudió el efecto del fuego en los igapós. En el trabajo defendido en febrero de este año, demuestra cómo incendios pueden ser aún más destructivos en estos paisajes que en otros bosques de la Amazonia. “El fuego es capaz de destruir 100% de los árboles del igapó”, destaca. En tierra firme, aún después de incendios, más de la mitad de los árboles grandes son capaces de sobrevivir.

En el igapó, el fuego se propaga por la hojarasca acumulada durante los consecutivos periodos de inundación. No forma grandes frentes, observados en áreas abiertas como en los bosques de tierra firme, y tampoco aparece en la copa de los árboles. Pero es un fuego persistente, que se propaga por grandes áreas y consume totalmente el bosque. Cuando termina, deja un paisaje formado por cenizas en el piso y troncos de árboles muertos en pie.

“Durante las llenuras, una capa de materia orgánica se acumula sobre el suelo. Esta capa funciona como combustible para el fuego”, describe el biólogo. Bernardo Flores cree que si sometidos continuamente a los incendios, los igapós se transformarán en campiñas, áreas de vegetación abierta sobre suelo arenoso y también comunes en la cuenca del río Negro, en los estados de Amazonas y Roraima.

Igapós tardan mucho más tiempo para recuperarse que la várzea. Árboles de la misma especie en encontrada en la várzea tardan dos veces más para crecer, cuando sometidas a periodos y profundidades semejantes de inundación, según el geógrafo alemán Florian Wittmann, del Instituto Max Planc. Además, el número de especies encontradas es menor. Son cerca de 600 especies de árboles contra cerca de 1000, según Wittmann, que actúa en Brasil en base a un convenio entre el instituto alemán y el INPA. Apenas 20% de esas especies son compartidas por los dos ambientes.

Los igapós son bien más pobres que las várzeas de ríos fangosos, y tuvieron que desarrollar adaptaciones para sobrevivir en un ambiente más restricto. Son formados por ríos que nacen en mesetas, que ya fueron bastante lavados y hoy vierten pocos sedimentos en la Cuenca Amazónica, como la Meseta Brasileña y la de las Guyanas. Los bosques de várzea, de forma diferente, son fertilizados por aguas que cargan los ricos sedimentos traídos desde los Andes.

“No por eso los igapós son menos importantes, muchas especies de animales, como peces y mamíferos, usan los igapós para reproducirse”, afirma el alemán. “Creemos también que los igapós tengan más especies endémicas, porque geológicamente son más antiguos”, destaca. Los igapós se formaron cientos de miles de años antes que los bosques de várzea (que nacieron con el levantamiento de los Andes, que comenzó a ocurrir cerca de 30 millones de años atrás).


Copie o código e cole em sua página pessoal:

A pesar de no dar nombres diferentes a los dos paisajes, los ribereños saben identificar la diferencia. No es en vano que 80% de la población rural de la Amazonia vive a lo largo de las várzeas, y no en los igapós. “Las comunidades acostumbran vivir cerca a un lago de aguas negras, pero siempre cercanos a un curso de aguas blancas”, explica Wittmann.

Los bosques inundables por aguas negras también no son adecuados para la explotación maderera.

“Debido a la baja población humana, el estado de conservación de los igapós aún es relativamente bueno, están bastante conservados, pero son muy sensibles, debido a la falta de nutrientes y al lento crecimiento”, cuenta el alemán. En la Amazonia, existen cerca de 100 mil kilómetros cuadrados de igapós, principalmente a lo largo del río Negro, contra la estimativa de 300 a 400 mil kilómetros cuadrados de várzea. Esta área representa cerca del 10% de las áreas inundables de la región.

Pero el fuego es un enemigo terrible, que puede transformar para siempre estos paisajes. Para Bernardo Flores, el problema no es el fuego usado en la agricultura, pero incendios accidentales que generalmente comienzan en campamentos a orillas de los ríos. Fogatas descuidadas tienen gran posibilidad de avanzar cuando entran en contacto con la hojarasca seca durante el periodo de sequía.

La idea de estudiar la fragilidad de los igapós surgió después que Bernardo Flores identificó en el mapa una gran área roja que había sido afectada por el fuego en 1998, justamente en una región inundada. Durante la maestría, Flores concentró la investigación en el archipiélago de Mariuá, el mayor conjunto de islas fluviales del mundo, que queda en la parte media del río Negro, a algunos kilómetros arriba del Parque Nacional de Anavilhanas, en Barcelos, estado de Amazonas. En esta región, sólo en el canal del río Negro, existen cerca de siete mil kilómetros cuadrados de bosques de igapó. Es un área equivalente a todo el desmonte de la Amazonia en 2009.

Bernardo analizó imágenes de satélite y fue al campo para ver de cerca el daño provocado por el fuego en las áreas estudiadas. Descubrió que áreas aparentemente sin tocar, cuando son vistas con más atención se trataban en realidad de bosques de igapó recuperándose de incendios ocurridos muchos años atrás. Y en campo, midió la lenta recuperación y registró con fotografías las diferencias entre vegetación conservada y donde aún están en crecimiento.

Una secuencia de imágenes hechas sobre una isla del archipiélago demuestra como la vegetación era antes de un incendio ocurrido en 1998, cuando el toda el área aparecía cubierta de verde. Luego del incendio, el área ya aparecía alterada. Y muchos años después, en 2010, la vegetación aún no se había recuperado y durante la llenura el área aparecía como un lago, rodeado de un paisaje aún alterado por el fuego.


Vandré Fonseca es paulistano, vivió en São Paulo hasta formarse en periodismo en Facultad Casper Libero. Luego, se mudó a Roraima, donde comenzó a escribir para ((o))eco. Se casó y hoy es corresponsal en Manaus.
O Eco
Copyright © 2004-2012
Todos os direitos reservados

Quem Somos
((o))eco e ((o)) eco Amazonia são feitos pela Associação O Eco, uma organização brasileira que se preza por não ter fins lucrativos nem vinculação com partidos políticos, empresas ou qualquer tipo de grupo de interesse. Leia mais. Leia mais.
Contato
editor@oeco.com.br
+55 21 2225 7573