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Desde que el gobierno brasileño comenzó a divulgar la lista de los municipios que más desmontan la Amazonia, en 2008, empresas y administraciones locales han intentado de todo para evitar tan vergonzoso título. En Brasil, ser visto como villano del desmonte nunca incomodó tanto, pues ahora los municipios están sujetos a sanciones económicas como restricciones al crédito, embargo en el abastecimiento de productos, además de una mala fama que aleja a los inversores extranjeros.

Municipios como Alta Floresta, Nova Maringá e Porto dos Gaúchos, en Mato Grosso, ensayaban en 2009 mejores conductas ambientales, pero hasta ahora no cumplieron los requisitos mínimos para abandonar la lista negra del desmonte. Todos los años, esa relación orienta la aplicación de restricciones económicas e inversiones en fiscalización  ambiental con el fin de mejorar estos índices. Entre las acciones prioritarias del gobierno federal para esas regiones estuvieron siempre presentes las estrategias de intensificación del comando y control federal y, teóricamente, también la creación de unidades de conservación. Pero, curiosamente, el único municipio que consiguió salir de este listado, lo hizo gracias a esfuerzos locales.

El día 12 de abril de 2010, la ministra del Medio Ambiente, Izabella Teixeira, firmó una disposición retirando Paragominas, en Pará, de la lista de los municipios con mayores desmontes de la Amazonia porque la administración local consiguió incluir 80% de las propiedades en el Catastro Ambiental Rural (CAR). El catastro, exigido por el estado, permite la localización y el monitoreo de áreas de preservación permanentes (como orillas de ríos y cimas de montañas, por ejemplo) y reserva legal (porcentual de las propiedades privadas que por la ley brasileña no pueden sufrir corte al ras de los árboles) para que su conservación y recuperación sean realizadas.

El gobierno consideró que en Paragominas el desmonte está “supervisado y bajo control”. El reconocimiento rinde al municipio prioridad en la recepción de incentivos económicos fiscales, planes, programas y proyectos federales apuntando al desarrollo social en bases sustentables, en particular respecto a la consolidación de la producción forestal, agroextrativista y agropecuaria conforme a la disposición que retiró Paragominas de la relación.



La experiencia en esas actividades económicas, considerando también la minería, no es novedad para Paragominas. El municipio de 2 millones de hectáreas y cerca de 100 mil habitantes fue emancipado hacen 45 años y es conocido como uno de los más importantes contribuyentes del desmonte de la Amazonia brasileña. Cerca del 50% de su territorio ya fue desmontado – índice que para un municipio localizado en la Amazonia brasileña debería ser, como máximo, 20%. Ahora, bajo el liderazgo del alcalde Adnan Demachki, los propietarios rurales están volviendo a aprender a trabajar con la tierra, respetando las fuerzas locales de fiscalización que pasaron a estar presentes.

Para entrar en la lista

En 2009, los criterios de inclusión en la lista de los municipios críticos eran:

1) Área total de bosque desmontado,

2) área desmontada en los últimos tres años,

3) aumento de la tasa de desmonte en por lo menos tres de los últimos cinco años,

4) deforestación en 2008 igual o superior a 200 km2. (en 2010, el MMA bajó esta exigencia a 150 km2 de desmonte verificado en 2009).

5) es también considerado prioritario el municipio que registre cuatro aumentos de desmonte en los últimos cinco años, cuya suma en los últimos tres ha sido igual o superior a 90 km2.

Para salir de la lista

De acuerdo con disposición del 2010, los municipios que quieran verse libres del estigma de los mayores desmontadores necesitan mostrar que:

1) Incluyeron por lo menos 80% de sus propiedades rurales en el Catastro Ambiental Rural (CAR), herramienta creada en los estados para registrar y monitorear los inmuebles cuanto a su desempeño ambiental.

2) El desmonte visto en 2009  debe ser igual o menor que 40 km2.

3) El promedio de los desmontes en 2008 y 2009 debe ser igual o inferior a 60% en relación al promedio de 2004 a 2006.
De acuerdo con Francisco Fonseca, investigador de la organización The Nature Conservancy (TNC), el cambio en Paragominas comenzó muy recientemente, en 2008. Fue de ella la iniciativa de formar parte del programa Municipio Verde, fruto de una asociación entre alcaldía y sindicato de productores rurales, con apoyo del Fundo Vale, de la Secretaría Estadual de Medio Ambiente, entidades locales, además de TNC y el Instituto del Hombre y Medio Ambiente de la Amazonia (Imazon), que hace el monitoreo por satélite del desmonte en el municipio y entrega mensualmente a la alcaldía índices y mapas sobre la existencia de focos de calor y corte raso y degradación. De esta forma, el municipio tiene condiciones de actuar rápidamente y saber exactamente quién desmontó y dónde.

El acompañamiento del desmonte de una manera más próxima resultó en una reducción de casi 90% de la tala entre 2007 y 2009 en el municipio, conmemora el alcalde. “No he establecido ningún decreto de desmonte cero. Llamé a la población y construí todo en conjunto,” dice Demachki. “Nuestra preocupación no era sólo salir de la lista, es con la etapa posterior. Estamos buscando un pacto por el producto de origen responsable, sea madera, carne o granos. Sabemos que la sociedad va reconocer este esfuerzo y pagar más por esta garantía”, continúa el alcalde de Paragominas. Él dice que por cuenta de este compromiso, mitad de su tiempo en la alcaldía es gastado con asuntos ambientales.

El auxilio en georeferenciamiento de las propiedades, para que consigan entrar en el CAR, y el suministro de asistencia técnica para que las haciendas en Paragominas se regularicen frente al Código Forestal Brasileño, incentivaron a TNC a aplicar el mismo proyecto en otros municipios, entre ellos el problemático São Félix do Xingú (PA), con 8 millones de hectáreas y 6 mil propiedades. “Para instalar gobernanza ambiental en los territorios donde el desmonte avanza sin control, es preciso mostrar un proyecto de desarrollo sostenible donde todos ganan. Fue lo que ocurrió en Paragominas”, explica Fonseca. Además de la coalición entre diversas instituciones locales, el hecho del gobierno asegurar que los propietarios no serán castigados con multas por infracciones ambientales anteriores es otro gran aliado al suceso del proyecto.

Con la experiencia de Paragominas, fue creado un foro de municipios de base forestal, con el objetivo de evitar el corte al ras, trabajar con manejo sostenible e intensificar la agropecuaria sin la apertura de nuevos espacios. Son ocho municipios en el este paraense, sumando un área de 80 mil km2, de los cuales Paragominas contribuyó con 20 mil km2. “No basta sólo la represión, ella tiene su límite. Si no hay alianzas locales, es difícil bajar mucho el desmonte”, dice Adalberto Veríssimo, de Imazon.

Aunque sólo Paragominas ha dejado la lista de los municipios que realizan los mayores desmontes, el gobierno brasileño anunció que 38 de los 42 municipios restantes presentaron alguna disminución en los índices de deforestación. Esta, sin embargo, no fue suficiente o no vino acompañada de otros requisitos que ponen a estos lugares “bajo control”. “La lista municipalizó esta discusión [sobre el control del desmonte]. El problema está en la escala del municipio, y la solución también”, considera Veríssimo.

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Andreia Fanzeres es periodista graduada por la Universidad Federal de Río de Janeiro. Ha trabajado en las revistas Ciência Hoje ans Ciência Hoje On-line. Actualmente es corresponsal de O Eco, en Mato Grosso.

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