Escrito por Leilane Marinho
Lunes 26 de Septiembre de 2011 09:25
“Da para sentir por el olor”. El insistente humo del casco chamuscado en la brasa, manera como es preparada la tortuga arraú, aún apreciada en el norte del Brasil, denuncia que el número de hembras capturadas en el momento del desove en Playa Alta, Rondonia, estado de la Amazonia brasileña, no es pequeño. “Están comiendo tortuga como nunca”, cuenta Eduardo Bissagio, analista ambiental del Instituto Brasileño de Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama), en Porto Velho. La captura ocurre por falta de fiscalización y por el cierre de la oficina del Ibama justamente en el área de un proyecto de protección de quelonios que tenía más de 30 años de actividades con éxito.
Proyecto Quelonios de la Amazonia
Además del estado de Goiás, el proyecto se extiende a todos los estados que componen la Amazonia Legal (Acre, Amazonas, Amapá, Roraima, Rondonia, Tocantins, Pará, Mato Grosso y Marañón). En 2007 había cerca de quince localidades en la cuenca amazónica y del Araguaia donde mantenía bases.
Una de las bases del Proyecto Quelonios de la Amazonia (PQA) queda en la Playa Alta, río Guaporé, frontera entre Brasil y Bolivia. En esta región hay gran concentración de Podocnemis expansa, mayor tortuga de agua dulce de Sudamérica – llega a tener 80 centímetros de largura y pesa 60 kilos. Existen por lo menos 60 mil hembras en edad reproductiva en todo Brasil. En 2010, el proyecto tuvo seis mil cuevas de la especie y, en Playa Alta, 600 mil crías fueron liberadas. A pesar de los números de otrora, la mala administración de recursos ya insuficientes resultó en la falta de fiscalización y lo que se ve actualmente es un festival de cacería ilegal a un animal que debería ser protegido por el Ibama.
El desove de tortugas también enfrenta otro problema: la desactivación de la Oficina Regional de Costa Marques, del Ibama, parte del proyecto donde ocurrían actividades en el ámbito educativo, como presentaciones y eventos públicos. Debido a la decisión, el local ya no cuenta con el museo de educación ambiental y tanques para exposición de quelonios vivos.
Citado en prácticamente todas las guías turísticas del estado, la oficina se fortaleció como centro de visitantes que recibía investigadores y turistas del Brasil y del mundo. Cuestionado sobre el cierre de la oficina, César Luis Guimarães, superintendente del Ibama en el estado de Rondonia, responde que es necesario resolver “diferencias con servidores”. “Para quien vive de derrotar el medio ambiente será muy bueno cerrar la oficina. Por habernos quedado sin fiscalización sólo se habla del consumo de la tortuga en todo lugar por donde se anda”, cuenta João José da Silva que, a los 50 años, completó 21 de servicio en el Ibama de Costa Marques.
2007 tenía todo para tornarse un marco positivo para el Proyecto, año que el Ministerio de Medio Ambiente (MMA) consideró Playa Alta como una de las Áreas Prioritarias para la Conservación, Uso Sostenible y Repartición de Beneficios de la Biodiversidad, región de importancia extremamente alta. Sin embargo, “como no es una prioridad del gobierno federal, nunca habrá dinero para el desarrollo de proyectos como este. A pesar de los planes, quien sufre recortes en los presupuestos es la fauna. Si nosotros, los técnicos, no fuésemos perseverantes, hace más de tres décadas seguramente los quelonios hubiesen entrado en la lista de especies amenazadas de extinción”, afirma Antonio Pacaya Ihuaraqui, coordinador suplente del proyecto y analista ambiental del Ibama.
Antonio explica que el Proyectos Quelonios de la Amazonia debe sufrir algunos cambios. “Queremos que sea modelo de sostenibilidad, con actividades de educación ambiental permanente, tecnologías sostenibles, articulación interinstitucional, fiscalización integrada, investigación”. Eso si los temas financieros y la buena voluntad pública permiten la fiscalización. Sino, la caza ilegal a las tortugas podrá continuar.
Función ecológica
Quelonios comen material vegetal para transformarlo en fuente de energía para otras especies, según explica Richard Vogt, investigador del Instituto Nacional de Pesquisas de la Amazonia (INPA) y director general del Proyecto Tortugas de la Amazonia, con sede en Manaus. “Una tortuga arraú pone aproximadamente entre 100 a 150 huevos por año. Estos huevos reponen el medio ambiente con más tortugas y sirven como fuente de alimento para carnívoros como aves, delfines, lagartos, peces, jaguares”, cuenta.
La cacería ilegal destruye el equilibrio biológico. “Si el hombre consume a las hembras en desove, será necesario esperar por lo menos 12 años para que los animales subadultos lleguen a la madurez. La pérdida en el stock de la población de tortugas en edad de desove sólo es recuperada luego de 30 años”, afirma.
Aún no hay una estimación en el número de hembras perdidas este año en Playa Alta, pero se espera atraso en el desove por el movimiento de embarcaciones, pero debido principalmente al movimiento de cazadores. El atraso en el nacimiento resulta en mortandad de crías, que mueren ahogadas con el aumento del nivel del agua.
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