Escrito por Felipe Lobo, Giovanny Veras e Karina Miotto
Viernes 14 de Octubre de 2011 07:30
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Dueña de increíbles riquezas naturales, la Panamazonia e hogar de millones de personas. Para además de la misión de contener la deforestación y prácticas irregulares en la región, es necesario pensar en alternativas para colocarlas aún más en la agenda de los nueve países que abarcan la selva – el ecoturismo es un camino posible. En términos de Brasil, según datos de la Asociación Brasileña de Empresas de Ecoturismo y Turismo de Aventura (Abeta), 54% de los brasileños que buscan este tipo de turismo lo realizan para entrar en contacto con la naturaleza y practicar actividades de campo. Sin embargo, este porcentaje de interés no llega hasta la mayor selva tropical del globo, que en términos de bioma, ocupa casi 60% del área total del país.
Una investigación realizada por la Fundación Getúlio Vargas (FGV) publicada en septiembre muestra que 71,2% de los brasileños prefieren destinos nacionales para aprovechar las vacaciones, comenzando por el nordeste (48,9%), seguido del sur (21,5%) y del sudeste (15,8%). En relación a los extranjeros, una investigación divulgada esta semana por el Ministerio de Turismo coloca el ecoturismo como la segunda mayor razón de visitas al país, después de la categoría “sol y playa”. Pero, a pesar que en la Amazonia hay sol todo el año, tiene bellas playas de río y de mar y mucho potencial ecoturístico, ninguno de sus nueve estados aparece en el ranking de los diez más visitados.
El ecoturismo es herramienta poderosa para la conservación de la biodiversidad. Una categoría que se ha mostrado eficiente en la región es el llamado “ecoturismo de base comunitaria” donde, en vez de hoteles, los viajeros se hospedan en la casa de ribereños en medio de la selva. Otras opciones de viajar por la Amazonia brasileña y conocer puntos interesantes desde el medio del monte es a través de hoteles de selva – los más famosos están en el estado de Amazonas - y también en Unidades de Conservación (UCs), como parques nacionales. La aventura es garantizada, pero los altos costos y la dificultad de moverse hasta y dentro de estas áreas no contribuyen para la popularización de estos destinos.
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Más allá de las fronteras de Brasil, las bellezas del bioma y las dificultades enfrentadas para popularizar la región entre turistas son las mismas. A pesar de eso, en el mapa al lado se comprueba que lo difícil no es imposible – hoteles de selva también están en los demás países donde la Amazonia existe.
Conozca algunos hoteles de selva de la Panamazonia
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No Amazonas
El estado de Amazonas es el que presenta más opciones de turismo en la Amazonia brasileña, incluso en Unidades de Conservación. El río Unini, ubicado en la parte media río Negro, posee una de las mayores concentraciones de bosque igapó del mundo. Fue escogido por la
Fundación Vitoria Amazónica (FVA) para el desarrollo del proyecto Turismo de Base Comunitaria de la
Reserva Extractivista (Resex) del río Unini.
Luego de conversas y estudios junto a las comunidades ribereñas, fueron identificadas las principales atracciones turísticas. Intercambios con otras experiencias similares, como la
Reserva de Desarrollo Sostenible Mamirauá, también sirvieron de base para un plan de acción. “Para ir de Manaus hasta la última comunidad del Unini, son de tres a cuatro días de barco, lo que ya es una gran aventura. Una vez allá, turistas pueden convivir con las familias locales, pescar, andar en la selva, ver la diversidad de animales y plantas, hacer artesanías en fibra, cerámica y nadar en arroyos. Son muchos atractivos de una sola vez”, cuenta Carlos Duringan, coordinador ejecutivo de FVA.
El
Parque Nacional de Anavilhanas es otro punto de turismo de selva, ubicado a casi 2:30 horas de Manaus. “Tenemos visitantes brasileños y extranjeros. A todos les gusta observar la biodiversidad local y salir de noche de barco para observar lagartos”, explica Priscila Santos, jefe del parque.
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Otra opción es la
Reserva de Desarrollo Sostenible Uatumã. Entre sus potencialidades están la facilidad de acceso, pues está relativamente cerca de Manaus, además de la belleza escénica con lagos, arroyos, serranías y senderos. “El turista que frecuente este lugar podrá conocer el programa de protección de quelonios que, desde 1996, ya repobló la cuenca del Uatumã con cien mil animales”, cuenta André Vianna, del
Instituto de Conservación y Desarrollo Sostenible del Amazonas (Idesam), que trabaja en la gestión del parque.
Base comunitaria
Maria Teresa Meinberg coordina la agencia
Turismo Consciente con rutas por el estado de Pará que pasan por Belém y comunidades del río Marajó y de
Alter do Chão. “Aumentamos las ventas cuando comenzamos a trabajar con hoteles de selva de perfil más ecológico. La búsqueda aún está orientada a eso, pero estamos en un momento de extender la propuesta de turismo de base comunitaria. Armamos, en las comunidades, un servicio tan profesional como el de un hotel de selva o cualquier tipo de resort”, cuenta Meinberg.
Panamazonia
En la web del Ministerio de Turismo de Ecuador se lee que “estamos coordinando estrategias para el desarrollo turístico de toda la región amazónica. Los objetivos fortalecerán propuestas sobre la Ruta del Yaku Ñamby o Ruta del Agua, considerada un producto estrella de la Amazonia ecuatoriana, ya que tiene como elemento central la biodiversidad, culturas ancestrales y el agua, además de rica gastronomía”. La región, según el ministerio, es propicia para la pesca deportiva, rafting, paseos fluviales y canotaje. Un encuentro que sucedió en julio de este año lanzó el “Estudio de mercado para la dinamización y diversificación de la oferta turística sostenible en la Amazonia y Reserva de la Biosfera Yasuní”, y deja clara la intención del gobierno ecuatoriano de invertir en actividades turísticas dentro de la Reserva de la Biosfera Yasuní.
Otro país de la Panamazonia que pretende invertir en turismo en la selva es Colombia. Según el Ministerio de Turismo, “el sistema de parques nacionales reúne áreas que, por excelencia, han sido reconocidas como destinos predilectos por colombianos y extranjeros”. De los actuales 49 parques del país, 28 muestran vocación para el ecoturismo.
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En el documento llamado “Pentur 2008-2018”, del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo de Perú, el gobierno también demuestra interés en desarrollar el ecoturismo, pero sin hablar de la Amazonia específicamente. Según el mapa al lado, la actividad turística es posible dentro de la selva, y así como ocurre en Brasil, también en unidades de conservación.
En Bolivia no es diferente. Una opción bien conocida es Rurrenabaque. Próxima a La Paz, la ciudad tiene una selva exuberante y es la entrada a los parques nacionales Madidi y Pilón Lajas. “La actividad beneficia desde grandes empresarios a taxistas”, afirma Yerko Núñez, alcalde de Rurrenabaque. La web del gobierno, sin embargo, no presenta ningún ministerio de turismo para mostrar esfuerzos públicos en desarrollar visitas a áreas naturales.
En términos generales, especialistas son unánimes al decir que el potencial turístico de la Amazonia es inmenso y necesita ser mejor explotado. Ayslaner Gallo, de la empresa
MapsMut, que hace diagnósticos ambientales y planes de manejo, cree que el turismo es una excelente herramienta para mostrar la realidad del bioma.