En la primera semana de mayo, el presidente Lula visitó la ciudad de Tomé-Açu, en Pará, con la misión de lanzar el Programa de Producción Sostenible  de Palma de Aceite, cuyo objetivo es aumentar la producción de la palma de aceite  o dendé en el país bajo el lema de sostenibilidad.

Una Zonificación Agroecológica (ZAE) hecha en  asociación con EMBRAPA define el cultivo en áreas degradadas o desmontadas de 14 Estados: Alagoas, Bahía, Pernambuco y Sergipe en el Noreste, Río de Janeiro y  Espíritu Santo en el Sudeste,  y Acre, Amazonas, Amapá, Marañón, Mato Grosso, Pará, Rondonia y Roraima (todos de la Amazonia Legal).

Fueron identificadas 31,8 millones de hectáreas para el cultivo, más del doble del área mundial, lo que deja claro la magnitud del programa. Sin embargo, inundar Brasil de palma de aceite es algo que, para algunos, no es posible. “Decir que 32 millones de hectáreas son aptas para el plantío no significa que será hecho en toda esta área”, informa José Manuel Cabral, jefe de comunicación y negocios de EMBRAPA Agroenergía.

“Brasil no saltará para un millón de hectáreas de un día para el otro. Si es muy bien hecho, llevará unos 15 años”, afirma João Meirelles, director del Instituto Peabiru y uno de los responsables por el programa Palma de Aceite Sostenible, que realiza en asociación con el Grupo Agropalma, la mayor empresa privada de producción de palma de aceite en América Latina, con sede en Pará.

Para incentivar la producción, el gobierno prevé línea de créditos a pequeños, medianos y grandes agricultores. Además de eso, invertirá en capacitación técnica, innovación tecnológica y mejoramiento de semillas (en este caso, con 60 millones de reales provenientes de recursos públicos). La producción de la palma de aceite puede abastecer la demanda interna del país, generar empleos, fortalecer la agricultura familiar, una hectárea de palma adulta almacena 26 toneladas de carbono. Sin embargo…

Tomar atención en los riesgos

De los casi 32 millones de hectáreas identificadas, 28 millones están en la Amazonia Legal, la mayor parte en Pará. De acuerdo con Valmir Ortega, de Conservación Internacional (CI), el monocultivo extensivo de la palma de aceite puede causar un sin número de impactos en la región.

Para citar algunos, cambio de uso del suelo, riesgos de concentración de la tierra en pocos dueños, pérdida de biodiversidad, propagación de plagas y enfermedades y degradación del suelo y del agua, además de la migración de poblaciones de la zona rural y de trabajadores de otras regiones, lo que ejercería presión  a la infraestructura y la capacidad de los servicios públicos locales. “Suponiendo que para cada diez hectáreas de palma tenemos una mano de obra directa, llegaríamos a casi 3 millones de personas ¿Dónde iríamos a colocar a toda esa gente en la Amazonia?”, cuestiona Marcello Brito, director comercial del Grupo Agropalma.

El aumento de la producción de la palma de aceite en la Amazonia también puede resultar en nuevos desmontes por manos de ganaderos, soyeros y afines. “La inducción de cambio del uso del suelo, sobre todo a través de la introducción de monocultivos extensivos, impone el gran riesgo  de promover el desplazamiento de actividades que actualmente ocupan esas regiones, estimulando nuevos desmontes. En el caso de la Amazonia esa es, sin duda, la mayor preocupación y la más difícil de monitorear”, afirma Valmir.

Para que esto no suceda, el gobierno definió una serie de mecanismos. Para comenzar, sólo entra en la línea de crédito el productor que tiene el Catastro Ambiental Rural (CAR) al día. La plantación será prohibida en áreas desmontadas después del 2008 y un Proyecto de Ley para vetar nuevos desmontes en función de la palma de aceite y para impedir la licencia ambiental en áreas no indicadas por el ZAE fue enviado al Congreso, pero nadie dice si y cuándo este se convertirá  de hecho  en ley.

Las plantas de palma de aceite no podrán ser plantadas en áreas protegidas – “todo lo que es patrimonio del país en términos de conservación de la biodiversidad y protección de las poblaciones tradicionales está excluido del proceso”, afirmó la Ministra de Medio Ambiente.

Tales estrategias serían una barrera legal para el avance del desmonte, pero “la implementación de la ley será un gran desafío”, afirma Marcello Brito. “Las medidas adoptadas son fundamentales, pero insuficientes, sobre todo si consideramos que el control ambiental, el licenciamiento de los proyectos y el monitoreo de los impactos serán realizados por órganos ambientales estaduales en su mayoría sin medios para atender demandas actuales y, por lo tanto, con baja capacidad para controlar la expansión de nuevas actividades generadoras de impacto y/o degradación”, complementa Ortega. Según él, el monitoreo de este programa debe ser hecho con transparencia pública, acompañar la expansión de los plantíos y evaluar riesgos de nuevos desmontes y de impactos sociales sobre las comunidades locales.

La plantación sostenible de palma de aceite en Brasil alía aspectos positivos a grandes riesgos. Falta saber si esta nueva obra del gobierno, lanzada estratégicamente en año electoral, no aumentará el desmonte de la Amazonia. Cuando Lula subió a la testera en Tomé- Açu, afirmó que “será prohibido cortar un árbol siquiera para plantar una palma”. Veremos.

El mercado de la palma de aceite

La palma de aceite o dendé es una palmera de origen africana. Su aceite es utilizado en la industria de alimentos, en la producción de cosméticos y en la industria química, donde también es encontrada en la composición de biocombustible. De 1998 al 2009, su consumo saltó de 17 para 45 millones de toneladas y hoy es uno de los aceites más producidos  del planeta. Investigaciones apuntan que países de la Unión Europea, China e India aumentarán el uso de biocombustibles en los próximos años, lo que exige desde ya más plantíos de la palma de aceite, pues la palma sólo da frutos después de tres años de plantada.

Sucede que la nueva gallina de huevos de oro del mundo se desenvuelve muy bien en climas tropicales  húmedos con altos niveles de lluvia. Crece tan bien en bosques tropicales que se ha transformado en la pesadilla de ambientalistas que luchan por la preservación de los bosques asiáticos – si en la Amazonia el que más empuja el desmonte hacia dentro del bosque es el ganado, en Asia es la palma. No en vano, Indonesia y Malasia son los dos mayores productores del mundo, seguidos por Tailandia. Colombia aparece en cuarto lugar y es el número 1 de América Latina, donde en segundo lugar viene Ecuador  y, después, Brasil.

Según la Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite (Fedepalma), de Colombia, la plantación en el país no resulta en desmonte, “ya que ocupamos territorios antes utilizados para otras actividades agropecuarias”. En Ecuador, a pesar del avance de la frontera agrícola estar entre las principales causas del desmonte, según Rodrigo Sierra, PhD, investigador de la organización ecuatoriana Ecociencia y del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Texas, “la mayoría de las plantaciones de palma de aceite están en la llamada  ‘costa pacífica húmeda’, que no se trata del bosque amazónico”.


*Karina Miotto es periodista ambiental
y vive en Belém do Pará, seminarista
sobre Amazonia y autora
del blog Eco-Repórter-Eco

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