La Estación Ecológica Gran Pará, en el extremo norte de Brasil, desde hacen por lo menos cuatro años viene siendo blanco de polémicas envolviendo conservación de la biodiversidad,  intereses políticos y exploración de bauxita por la minera angloamericana Río Tinto, la tercera mayor del mundo. La reserva es la mayor unidad de conservación de protección integral de bosque tropical del planeta, con 4,2 millones de hectáreas en la región de Calla Norte del río Amazonas, en Pará, uno de los estados más deforestados de la amazonia brasileña.

Área da Estação Ecológica Grão-Pará

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Con el objetivo de investigar y  explorar bauxita en la región, Río Tinto ya propuso la reducción de 500 mil hectáreas de la Estación Ecológica Gran Pará, así como transformar un porcentaje  de la misma en bosque estatal (Flota), tipo de unidad de conservación que permite actividades de minería. Para compensar, parte de la Flota de Trombetas, también en Calla Norte, sería elevada a la condición de protección integral. Sin embargo, sustituir una estación ecológica por una categoría de menor conservación sería un tremendo error, afirman especialistas. “No se trata de una alfombra de bosque donde no importa donde se colocan los límites de un área de preservación”, explica Alexandre Aleixo, coordinador de zoología del Museo Emilio Goeldi, una de las más respetadas instituciones de investigación de la Amazonia brasileña.

Una persona escuchada por el reportaje, que pidió no ser identificada, desconfía que la discusión sobre los cambios en Gran Pará “no pasan de un juego para ganar tiempo, pues bastaría una simple firma en la Asamblea Legislativa para posibilitar la exploración en la región, por más que ella sea única”. “Hay muchos intereses de por medio”, dice.

Si la gobernadora de Pará, Ana Júlia Carepa, del Partido de los Trabajadores, quisiera, podría enviar un proyecto de ley a la Asamblea Legislativa para modificar la clasificación de la unidad. ¿Pero será que esta decisión sería la más coherente, teniendo en cuenta que se trata de un área de extrema importancia para la conservación de la biodiversidad amazónica?

Grupo de Trabajo

Entienda la polémica

En el 2006 Simão Jatene, entonces gobernador de Pará, creó cinco unidades de conservación en la región de Calla Norte, que juntas suman 12,8 millones de hectáreas. La ironía es que, antes de la decisión de Jatene, Río Tinto había conseguido una concesión de cerca de 600 mil hectáreas en la región y allá empezó a prospectar el mineral. Con sus investigaciones, descubrió que justamente donde hoy se encuentran dos de las unidades de conservación creadas, cuya biodiversidad es riquísima, yace la mayor reserva de bauxita del país – estudios indicarían 4 billones de toneladas.

Estas unidades de conservación son la Estación Ecológica Gran Pará que, por ser de protección integral, no abriga poblaciones humanas (máximo tribus nómadas) y no permite actividades exploratorias en su territorio; y el Bosque Estatal de Paru – con 3,6 millones de hectáreas, siendo el mayor bosque de uso sustentable en los trópicos. “La mayor parte de la bauxita se encuentra en las mesetas de la Estación Ecológica Gran Pará. Sin embargo, la reserva de la Flota de Paru es grande y equivale a la de la mina de Jurutí, que viene siendo explorada por la Alcoa en Pará”, explica Valmir Ortega. El potencial de Jurutí es de 280 millones de toneladas.

Como Río Tinto no parece estar satisfecha con la cantidad de bauxita de la Flota de Paru, continúa interesada en también realizar la actividad en la Estación Ecológica Gran Pará. De un lado, organizaciones de la sociedad civil defienden la protección del local y destacan la importancia estratégica de la estación ecológica para la protección de la biodiversidad. Del otro existe una multinacional que, por medio de argumentos económicos y sociales, intenta llegar a un acuerdo con el gobierno con el objetivo de investigar y explorar minerales en un bosque intacto de la (ya creada) unidad de conservación de protección integral. El gobierno del estado de Pará, hasta el momento, queda con la posición del medio y en la espera del informe del Grupo de Trabajo.
Ante la falta de un consenso, Ana Júlia publicó en marzo el Decreto Estadual 2.194 e instituyó la creación de un Grupo de Trabajo (GT) con la finalidad de “subsidiar  técnicamente al Gobierno de Pará en el gerenciamiento de los conflictos de intereses relativos a las reservas de bauxita que están dentro de los límites de la Estación Ecológica Gran Pará y del Bosque Estatal de Paru”, que limita con la reserva gigante. El GT es compuesto por diez entidades, entre ellas Sema, Secretaria de Estado de Desarrollo, Ciencia y Tecnología, Instituto del Hombre y Medio Ambiente de la Amazonia (Imazon), Conservación Internacional, Museo Paraense Emílio Goeldi, Ministerio Público Estatal y Río Tinto.

Hasta septiembre será concluido un informe técnico que servirá de subsidio para que el gobierno de Ana Júlia tome una decisión. Tanto Rodolfo Moraes Pereira, director de áreas protegidas de Sema, como Maurílio Monteiro, secretario de Estado de Desarrollo, Ciencia y Tecnología, afirman que la posición final de gobierno será basada en datos técnicos resultantes del informe del GT.

En una reunión del grupo de trabajo en el día 10 de junio, Río Tinto  habría afirmado que renunciaría a 45% de las reservas de bauxita existentes en la Estación Ecológica, alegando que 55% son el mínimo necesario para hacer el emprendimiento viable. Río Tinto afirma que “apoya la designación de las áreas protegidas a partir de evaluaciones científicas rigurosas y amplia discusión con los públicos de interés”, ofrece alternativas. Pero no da señales de que irá a desistir de la estación ecológica. De acuerdo con la asesoría de prensa de la minera, 90% de las reservas de bauxita encontradas en la región están en la Estación Ecológica Gran Pará.

“En términos jurídicos esta discusión no tendría que hacerse, pues se trata de una unidad de protección integral. Atender a las demandas de Río Tinto, por mejor que sea el compromiso de la empresa, es dar un tiro en la oscuridad. Sería un indicio de debilidad del poder judicial, del gobierno de Pará, una demostración de que la preocupación con la conservación está sólo en la retórica”, afirma Alexandre Aleixo.

“Tocar aquella área significa afectar negativamente la imagen del gobierno y de Río Tinto. Un emprendimiento de gran porte en una región como aquella puede atraer millares de trabajadores y causar ocupación irregular, presión sobre los recursos naturales y la infraestructura local, apertura de carreteras, deforestación y extracción ilegal de madera”, explica Valmir Ortega, de Conservación Internacional.

Informe de la biodiversidad


Un informe de la biodiversidad de la Estación Ecológica Gran Pará preparado por el Museo Emilío Goeldi y Conservación Internacional trae informaciones valiosas, de acuerdo con un comunicado enviado a la prensa en el día 1 de junio, y vino en buena hora para acabar con las dudas que todavía pudieran existir al respecto de la importancia de la Estación Ecológica Gran Pará.

El estudio es resultado de tres expediciones realizadas en 2008, con apoyo de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente de Pará (Sema) y recursos de compensación ambiental de Río Tinto. En todas las áreas inventariadas existen especies nunca antes descubiertas. En ellas también fueron encontradas 143 especies ya conocidas de peces, 62 de anfibios, 68 de reptiles, 355 de aves, 61 de mamíferos y 778 de plantas. De todas ellas, muchas son raras, endémicas o corren riesgo de extinción, caso del jaguar, del armadillo gigante y del árbol angelín.

En la Estación Ecológica Gran Pará existen especies no amazónicas e, incluso, de otras localidades del bosque. Eso sin hablar de la raridad de la misma geografía local: allá se hallan áreas de cerrado, campinaranas, bosque bajo, ríos con cachuelas (lo que lo hace el local inaccesible a barcos y, consecuentemente, más aislado) y altitud elevada para los padrones amazónicos (de 500 a 600 metros). Las mesetas de la estación ecológica, donde hay mucha bauxita, son dueñas de rara biodiversidad. En este momento, el informe completo espera la aprobación final de Sema para ser difundido al público.

“Los estudios realizados identifican aquella área como de alta importancia para la conservación. En otras palabras, no existe argumento técnico-científico que justifique la actividad minera en la zona. Si se toma, tal decisión tendrá carácter estrictamente político, justificado por argumentos económicos y sociales, jamás ambientales”, afirma Ortega.

“Las mesetas contienen una biodiversidad riquísima, con especies que no existen en ninguna otra unidad de conservación de Calla Norte. El estudio comprueba que toda el área de la estación biológica es absolutamente única y necesita continuar sin tocar”, complementa Aleixo. Por lo visto, si dependiera de los datos científicos de este informe, nada de minería allá.

Jakeline Ramos Pereira, coordinadora del Proyecto Calla Norte, de Imazon, afirma que los estudios realizados por CI y por Goeldi están muy bien hechos. Sin embargo, subraya que “aún es necesario estudiar más aquella región para saber si ella realmente es o no, insustituible”. Investigaciones de este tipo no son hechas de una hora para otra y pueden llevar años para ser concluidas.

 
Karina Miotto es periodista ambiental
y vive en Belém do Pará, seminarista
sobre Amazonia y autora
del blog Eco-Repórter-Eco
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