Escrito por Juliana Radler
Jueves 19 de Agosto de 2010 14:25
Maguari (Tapajós) - Eran las nueve de la mañana cuando don Walter nos esperaba a orillas del arroyo de aguas transparente de la villa ribereña de Maguarí. “Todo los días, yo o uno de los otros dos muchachos que trabajan de guía llevamos turistas para visitar ese árbol, bautizado Abuelo. Y es gente de todo el mundo”, vino luego contando el simpático y comunicativo, don Walter.
El Ceibo, también llamado Ceiba o Toborochi, es un árbol muy especial, sobretodo, por el hecho que es considerado el más grande de toda la región amazónica. Hay leyendas y muchas historias sobre este gigante por diversos rincones de Brasil. Sin embargo, el apodo y la fama de este específico Ceibo de Maguarí se deben a su edad, estimada entre los 900 y mil años. Un verdadero anciano del bosque.
Obtener código de inserción del video:
Maguarí queda dentro del Bosque Nacional de Tapajós, FLONA en la jerga ambiental, y es una unidad de conservación federal de aproximadamente 600 mil hectáreas. Creada en plenos años de plomo por el General Médici, fue el primer bosque nacional de la Amazonia y como tal, la pionera en enfrentar el desafío de unir conservación ambiental con la presencia de actividades económicas de comunidades tradicionales que la habitaban.
Para llegar hasta la villa saliendo de Santarem, es necesario andar cerca de 60 kilómetros entre asfalto y camino de tierra lleno de baches, conduciendo por la rodovía PA-457 en dirección a Alter do Chão y después por la BR-163. La polémica carretera federal que conecta Santarem a Cuiabá (estado de Mato Grosso - MT) limita con la FLONA y trajo deforestación ilegal y especulación de tierras a la región. Muchas haciendas de soya se han extendido hasta allá, como verificamos en el camino, y expulsaron a antiguos habitantes. Atraídos por el dinero, muchos acaban vendiendo sus tierras y migrando a centros urbanos, como Santarem, donde descubren que los “Reales” (moneda brasileña) no eran tantos así. Y la dura realidad se revela en desempleo, viviendas precarias y violencia. En apenas cinco años, según la Policía Civil de Pará, la criminalidad aumentó en 135% en Santarem.
Historia feliz
Huyendo de esta trayectoria, la comunidad de Maguarí y su árbol milenario tienen una historia mucho más feliz para narrar. Por estar dentro del Bosque Nacional, consiguieron protegerse de la mordida del agro-negocio y al mismo tiempo beneficiarse de proyectos de organizaciones no gubernamentales y del gobierno. Así, se tornaron una comunidad ribereña modelo, visitada hasta por el heredero del trono británico. El Príncipe Charles estuvo allí en el 2009, bailó Carimbó y quedó tan maravillado que decidió donar dinero para que la comunidad comprara paneles fotovoltaicos para generar energía solar.
En la villa hay acceso a Internet por medio de un telecentro comunitario del proyecto de la ONG Salud y Alegría. Con las computadoras, la población queda conectada con lo que sucede en el globo y produce noticias de su mundo de allá en su propio blog. (http://maguari.redemocoronga.org.br/). La comunidad también está involucrada en un proyecto de fabricación de cuero ecológico, producido a partir de la extracción del látex de la siringa, aún muy presente en la región debido a lo que restó del ciclo de la goma. Son confeccionados zapatos, bolsas, llaveros y otras piezas artesanales, que son vendidos en la tiendita local y también en iniciativas dirigidas al apoyo al comercio justo.
Rumbo al Abuelo
La caminata es hecha como una visita guiada a un museo. A cada momento parábamos frente a una “obra de arte” y escuchábamos las explicaciones del guía, que aprendió a andar en el bosque siendo aún un joven muchacho con su padre. Copaiba, Jatobá o Algarrobo, Quina quina, liana Apuí, Coquito, Caraña… es vasto el vocabulario de la biodiversidad en el camino hasta el Abuelo. Una profunda aula de ecología. El bosque de proporciones inmensas se agiganta sobre nosotros, tocando copa a copa al cielo, dejando la luz entrar de una forma suave en la vegetación.
Luego de cerca de cuatro horas de caminata, ya estábamos frente a él. Hora de respirar y quedarse unos minutos en silencio para observar con calma todos los detalles del Abuelo. Es impresionante el enmarañado de lianas, trepaderas y todo tipo de vida vegetal y animal que abriga el anciano. Alrededor de él, por magia amazónica, cientos de mariposas azules volaban aprovechando el claro de sol que se abría debajo del Ceibo. Como su copa es poco densa y muy alta, a unos 30 metros del suelo, permite generosamente la entrada de la luz. Se cuenta, inclusive, que por eso a algunas tribus indígenas les gustaba cultivar maíz y frejol alrededor.
El Ceibo no es el mayor árbol del mundo en longitud, quedando bien debajo de las gigantes secuoyas norteamericanas, pero en ancho seguramente puede entrar en la disputa del título. Para abrazar al Abuelo, por ejemplo, es necesario reunir unas 20 personas dándose las manos. Algunos ejemplares aún más grandes que el Abuelo llegar a necesitar de 30, 40 personas. Ese tronco prodigioso como una muralla de China forma alas, que se esparcen horizontalmente pareciendo brazos que se estiran por la tierra. En ellas se repercute un sonido alto, posible de ser escuchado desde grandes distancias. Por eso es, es llamado de “comunicador” por los pueblos del bosque.
Don Walter cuenta también que el Ceibo es el hogar del Curupira, elegido el protector de los bosques por vagar por la selva confundiendo y asombrando a los cazadores. Existe registro de que esta es la leyenda más antigua de Brasil, y su primer relato fue hecho en una carta del Padre Anchieta fechada en 1560. “Aquí hay ciertos demonios, a los que los indios llaman Curupira, que los atacan muchas veces en el monte”, escribió Anchieta a la Corte Portuguesa.
Leyendas e historias que componen una especie de mitología etnobotánica sobre el Ceibo nos agudizan la imaginación y aumentan la admiración por este gigante amazónico. Pero, el Abuelo de Tapajós fue más allá y ganó su propia historia como símbolo de una selva amenazada: Es un árbol milenario que da trabajo y renta para quien sabe vivir de la naturaleza sin destruirla. Como en los versos de Olavo Bilac, en su poesía “Viejos Árboles”:
“Mira estos viejos árboles, más bellos
Que los árboles jóvenes, más amigos,
Tanto más bellos cuanto más antiguos,
Vencedores de la edad y de las tempestades…
El hombre, la fiera y el insecto, a la sombra de ellos
Viven, libres del hambre y de fatigas:
Y en sus gajos se abrigan los cánticos
Y los amores de las aves ruidosas. (…)”
Juliana Radleres periodista con especialización en medio ambiente por el International Institute of Journalism (IIJ), en Berlín. Es colaboradora de la revista alemana Development and Cooperation (D+C) en Brasil, del Portal ((o))eco y directora y editora de la productora de video Samaúma, en Río de Janeiro.
Quem Somos
((o))eco e ((o)) eco Amazonia são feitos pela Associação O Eco, uma organização brasileira que se preza por não ter fins lucrativos nem vinculação com partidos políticos, empresas ou qualquer tipo de grupo de interesse. Leia mais. Leia mais.