Escrito por Andreia Fanzeres
Martes 02 de Marzo de 2010 18:26
Brasil está a la vanguardia del desarrollo de programas capaces de rastrear toda la cadena productiva de la carne producida en el país, desde el nacimiento del animal hasta el corte vendido en los supermercados, nacionales o internacionales. Pero aún no se ha preparado para implementar estos sistemas. Más allá de las garantías sanitarias al consumidor, la organización de la producción y de la venta de carne representaría también la garantía de que el consumidor final no está incentivando la conversión de bosques en pasturas, especialmente en la Amazonia, entre otros crímenes – duda que, infelizmente, aún debe quedarse por algún tiempo en la mente de la mayoría de los brasileros.
- 80% de las áreas abiertas ilegalmente en la Amazonia son para ganadería.
- Entre 1996 y 2006 las pasturas crecieron de 23,4 millones de he a 55,4 millones de he en la región.
- 30% de todo abate nacional vem da Amazônia.
- 70 a 75% de toda la carne faeneada es consumida en el Brasil.
- Brasil es el mayor productor de carne en el planeta
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En el 2009, Greenpeace divulgó ampliamente en Brasil y en el mundo que por lo menos 80% de las áreas abiertas ilegalmente en la Amazonia son para ganadería. Entre 1996 y 2006 las pasturas crecieron de 23,4 millones de hectáreas a 55,4 millones de hectáreas en la región.
Nada raro, el ganado es comercializado a partir de asentamientos y haciendas sin necesariamente tener notas fiscales. Y es repasado a frigoríficos que venden las piezas sin exigir nada más que un certificado de calidad sanitaria del producto, cuando mucho.
Durante la investigación que generó
el informe “Fiesta del Buey en la Amazonia”, Greenpeace se encontró con datos conflictivos, pero es posible decir que por lo menos 30% de todo el faeneo nacional viene de la Amazonia. Y de 70 a 75% de toda la carne faeneada es consumida en el Brasil. El resto es exportado. Brasil es el mayor productor de carne en el planeta.
En el 2004, sin embargo, comenzó a nacer un programa capaz de dar visibilidad a toda esa cadena productiva. La demanda fue de una empresa española, que buscaba un mecanismo más juicioso para la importación de carnes brasileñas. Solicitó el producto a Sima Comercio y Servicios, empresa consultora de negocios y de desarrollo de tecnologías.
“Parecía simple buscar un proveedor de carne que fuese rastreada, pero eso no existía”, explica Arnaldo Sima, director de la empresa. “El cliente quería leer en el embalaje de la carne un código en el que pudiera verificar en internet información como la raza, fecha de nacimiento del animal, cómo fue el faeneo, en qué frigorífico, tipo de vacuna que recibió, alimentación, y si en la hacienda había trabajo esclavo, todo certificado por un agente certificador en Europa”, añade Sima.
Según él, en aquella época la variable ambiental no era una preocupación tan grande, pero hoy es posible saber, a través de una consulta al nombre de la hacienda y del propietario, si tiene algún proceso por crimen ambiental o si la propiedad cuenta con licencia ambiental.
Control oficial del Brasil
Esas son informaciones esenciales para una compra consciente, y que el actual Sistema Brasileño de Identificación Bovina y Bubalina (Sisbov), del Ministerio de Agricultura, Pecuaria y Abastecimiento (MAPA), todavía no es capaz de dar. Desarrollado en 2002, el sistema tiene carácter voluntario y apenas los mercados de la Unión Europea (UE) recomiendan su uso.
Según Márcio Rezende, director de la Secretaría de Defensa Agropecuaria del MAPA, la tendencia es que cada vez el consumidor exija más ese requisito. “El Sisbov tiene la finalidad de atender requisitos de mercados específicos, como la Unión Europea, para viabilizar las exportaciones brasileñas”, explica. Pero eso es poco para un país que tiene como mayores exportadores de carne a Rusia, China, Estados Unidos y los mercados árabes.
De acuerdo con una lista de la UE realizada por el Ministerio de Agricultura, hay cerca de 1500 haciendas aptas para exportar a Europa a partir de esos criterios. El MAPA no informó cual es la proporción de propiedades y frigoríficos brasileños que trabajan con ganado rastreado por el Sisbov. Pero, de acuerdo con Sima, esa relación es de cuatro animales para un rastreado, sin olvidar que aun en muchas ciudades brasileñas se vende carne sin ni siquiera tener inspección sanitaria.
La rastreabilidad de la carne en Brasil está regida por la Ley 12.097, sancionada por el presidente Lula en noviembre del 2009, la que es muy clara al no priorizar las variables ambientales en este proceso. “La rastreabilidad tiene por objetivo principal el perfeccionamiento de los controles y garantías en el campo de la salud animal, salud pública e inocuidad de los alimentos”, afirma una parte del documento.
Rezende, entretanto, recuerda que existen otras maneras de rastrear el origen legal de los animales en las haciendas. “El Sisbov, en conjunto con los sistemas ligados a la salud animal y salud pública son los únicos instrumentos que permiten rastrear un animal o alimento, y también pueden ser utilizados por los órganos ambientales”, explica. Él cita, por ejemplo, que el programa Buey Guardián, lanzado en diciembre del 2009 en seis municipios del estado de Pará, condiciona la emisión de la guía de tránsito animal (GTA) electrónica a la actividad pecuaria realizada sin desmonte, y eso puede ser comprobado a través del georreferenciamiento de las propiedades desarrollado por Embrapa.
Rastreo completo
La empresa de Arnaldo dio un paso más allá. Creó entonces el actual Pathfinder, un programa en internet que recibe informaciones insertadas por el propietario como examen DNA del ternero al nacer y el número de identificación, después todos los otros ítems, como la vacuna que recibió, alimento que ingirió, dónde pastó. Todo queda almacenado en bancos de datos dispersos por el mundo, y las informaciones no pueden ser alteradas. “El sistema no está bajo control de la hacienda, ni de frigorífico. No tengo como garantizar que las informaciones insertadas son verdaderas, pero en caso de alguna sospecha, podemos rastrear el fraude y saber exactamente quién insertó el dato incorrecto”, dice. Para eso, se hace una prueba genética y en este caso el responsable por el fraude puede ser bloqueado en el sistema.
Hay también una tecnología en proceso de obtención de patente que asegura rastreabilidad de la carne dentro del frigorífico, mientras está siendo cortada y deshuesada. “Esta tecnología garantiza al final del proceso saber de qué animal vino el filete que el consumidor compró, gracias a componentes de control incluidos en el proceso” añade Sima. Esa será otra diferencia crucial en relación al Sisbov.
“El Sisbov rastrea el animal mientras está vivo. Y nuestro cliente quiere rastrear también el frigorífico, cómo fue el transporte de la carne, hasta llegar al mostrador”, pondera Sima. La propuesta ahora no es apenas colocar este sistema en el mercado, sino crear una plataforma donde todos los softwares que trabajan con rastreabilidad se puedan integrar y complementar. Como Sima, ya existen otras empresas que desarrollan sistemas de rastreo genético de porcinos y bovinos, como BiomicroGen, que reside en la incubadora de empresas de la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp). Esta red de sociedades aún está en construcción y el lanzamiento de la plataforma Pathfinder en el mercado brasileño está previsto para junio del 2010.
Presión por la procedencia legal
En consecuencia de una mayor presión de las organizaciones no gubernamentales, ya es posible percibir algunos avances en el sector, aunque aún muy lejos de lo necesario. “Los frigoríficos por lo menos salieron de la fase de negar el problema, y pasaron a prometer que actuarán para solucionarlo. Pará, por ejemplo, ya tiene iniciativas concretas”, recuerda Marcio Astrini, de la campaña Amazonia de Greenpeace. A partir del día 31 de enero del 2010, el gobierno estatal determinó que los frigoríficos, curtiembres y exportadores sólo podrían comprar carne de los proveedores debidamente registrados en el Catastro Ambiental Rural (CAR), de la secretaría de medio ambiente. Pero hasta el momento, de las 110 mil propiedades conocidas en el estado, cerca de 6 mil están catastradas. Ahora, quien no cumple está asumiendo que está cometiendo un crimen.
Otro frente usado por Greenpeace fue el compromiso firmado por los cuatro mayores frigoríficos del Brasil (Marfrig, Minerva, JBS-Friboi y Bertin), en octubre del 2009, de sólo comprar animales criados en haciendas que no estuvieran implicadas en invasión de unidades de conservación, tierras indígenas, trabajo esclavo o desmonte ilegal. Si conseguirán movilizarse para seguir esas reglas, la sociedad sólo lo sabrá el 5 de abril del 2010.
“Estamos en una etapa muy primaria en el sentido de saber de dónde vino el buey. Ese Sisbov ambiental y social el consumidor brasileño simplemente no lo tiene”, considera Astrini. “En la mayoría de las veces no conseguimos ni rastrear la hacienda, que es invisible a los ojos del Estado, siendo que el Código de Defensa del Consumidor da el derecho de exigir información de dónde vino el producto”, completa.
Sima cree que muchos consumidores están dispuestos a pagar un poco más caro por la carne en los supermercados si tuvieran acceso a informaciones más refinadas, una vez que la implementación de los sistemas de rastreabilidad elevará los costos de los propietarios y de los frigoríficos. Durante el desarrollo del programa, la empresa hizo una investigación en que 12% pagarían hasta 20% más por una carne con mayor calidad y conociendo más el producto que está llevando, más allá del rótulo. Sima tiene un ejemplo curioso. “El otro día hicimos un churrasco con el personal de la empresa y compramos 20 filetes. Estaba escrito que todas venían de novillo macho. Hicimos un test, y apenas 8 eran de macho realmente. Entonces, si están mintiendo sobre el sexo del animal, que es una cosa que usted puede comprobar en un test de diez reales, imagine cuál es la confiabilidad de otras informaciones” considera Sima.
Andreia Fanzeres es periodista graduada por la Universidad Federal de Río de Janeiro. Ha trabajado en las revistas Ciência Hoje ans Ciência Hoje On-line. Actualmente es corresponsal de O Eco, en Mato Grosso.