Escrito por María Clara Valencia
Jueves 25 de Febrero de 2010 16:33
Colombia, que posee 477.274 km2 de selva amazónica y un 10 por ciento de la biodiversidad mundial, quiere participar de los beneficios económicos que traerá la iniciativa de pago por reducción de emisiones producto de la deforestación y degradación forestal (conocida como REDD) una vez se llegue a un acuerdo mundial sobre su implementación. Pero para lograrlo primero tiene que saber qué es exactamente lo que tiene para ofrecer.
Por eso, mientras en las negociaciones de Naciones Unidas se llega a un consenso al respecto (la próxima reunión será en México en diciembre), el país se prepara para cuantificar su oferta.
Con un apoyo técnico avaluado en 2,5 millones de dólares de la fundación estadounidense Betty & Gordon Moore, expertos colombianos están definiendo cuál es la tecnología que mejor se ajusta a las necesidades del país para medir y monitorear satelitalmente y en campo la emisiones producto de la deforestación y degradación de sus bosques, así como sus stocks y capturas de carbono.
“REDD busca dar incentivos para reducir la deforestación y degradación de los bosques y fortalecer la conservación en países en vía de desarrollo, pero al ser naciones en vías de desarrollo el reto tecnológico es mayor”, explica María Claudia García, coordinadora del proyecto y funcionaria del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (Ideam).
Un equipo de diez funcionarios del Ideam trabaja en el proyecto, consciente de la importancia de que los sistemas que se desarrollen sean comparables con los de otras naciones, para que a nivel mundial se hable un solo lenguaje.
Por eso, están estudiando las ventajas de distintas tecnologías existentes de procesamiento satelital de imágenes, para adoptar una o adaptar una combinación de varias.
El monitoreo incluirá zonas clave de todo el territorio nacional, incluida la Amazonia, otra región conocida como Chocó Biogeográfico, la alta montaña, la costa Atlántica, etc…
“Colombia es el país perfecto para hacer experimentos en monitoreo porque tiene cinco países en uno, con regiones geográficas muy distintas”, dice García. “La mayoría de los sistemas se han diseñado para la Amazonia o el bosque húmedo de Asia, pero no se han diseñado para montaña, costa Caribe o Pacífico”, establece.
Aprendiendo de la experiencia brasilera
Colombia empieza a recorrer un camino que Brasil ya tiene adelantado. Esta nación es pionera en monitoreo satelital de bosques. Por eso algunos de los mecanismos que se están considerando son los que utiliza el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (Inpe): Deter y Prodes.
El primero logra imágenes a nivel grueso con baja resolución, mientras con el segundo se puede hacer un zoom en zonas específicas para identificar alertas, explica Ederson Cabrera, Coordinador de procesamiento de imágenes de sensores remotos para monitoreo de deforestación y estimación de almacenamiento de carbono.
Desde el año pasado los funcionarios colombianos están en diálogo con los brasileros para aprender más de esos sistemas.
Sin embargo, la realidad colombiana es muy distinta a la brasilera, porque mientras en Brasil existen amplios focos de deforestación de miles de hectáreas, en Colombia, principalmente en la Amazonia, se encuentran pequeños focos de deforestación muy distribuidos. “Con ciertos tipos de imágenes que usa Brasil, esto pasaría desapercibido”, señala Cabrera.
Por eso, también se están analizando otras tecnologías: una de origen holandés, que se utiliza actualmente en Borneo, Indonesia y en Guyana; otra del Instituto Wood Hole Research Center, que se utiliza en distintos bosques tropicales, y otra del Instituto Carnegie, que se desarrolló para los bosques de tierras bajas de Brasil.
Este proyecto termina en junio de 2011. Para entonces se espera que Colombia tenga ya definidos los protocolos que van a conformar su sistema.
Monitoreo en campo
Pero al tiempo que se definen los mecanismos satelitales más adecuados, se busca que haya un protocolo estandarizado para hacer la verificación en campo.
Para eso se está analizando cuáles son las ecuaciones idóneas para hacer los cálculos que mejor determinen los contenidos de carbono en el Amazonas o en la región andina, que por las condiciones climáticas y el comportamiento de la biomasa, presentan características diferentes.
También en esto el Brasil está asesorando a Colombia. Funcionarios del Instituto Nacional de Pesquisas da Amazonia (Inpa), dieron algunas recomendaciones técnicas.
“La idea es ver cómo se pueden incorporar los datos de los sensores remotos con los cálculos hechos en campo para tener un mapa nacional con los valores de biomasa y de contenidos de carbono que tiene cada región del país”, dice Adriana Yepes, coordinadora de clasificación en campo.
Luego, la idea es capacitar a las ONG para acercar estas tecnologías a las comunidades indígenas y afrodescendientes, de modo que ellas también puedan verificar la situación de los bosques.
Primer mapa de cobertura vegetal amazónica
Y mientras los funcionarios del Ideam avanzan en esto, el Instituto Amazónico de investigaciones Científicas (Sinchi) se prepara para lanzar el próximo mes el primer mapa de cobertura vegetal del Amazonas, con información del 2002.
Este es el primer paso para tener un consolidado de cómo se está llevando a cabo el proceso de deforestación en la amazonia colombiana, indica Daniel Fonseca, subdirector científico del Instituto. La actualización se hace cada cinco años. Los datos del 2007 estarán listos en unos tres meses.
“Esto sirve para conocer cuál es el estado de las cobertura de la tierra e identificar cuáles son las principales presiones que están llevando a la transformación del territorio”, dice Fonseca.
Al hacerle seguimiento a este mapa se puede tener una línea base de cómo estaba el territorio y periódicamente ver cuál es el grado de avance, retroceso o estabilización de las distintas coberturas, explica.
“El primer mapa de coberturas permite hacer un análisis en el contexto del cambio climático para que se establezcan medidas de adaptación o mitigación”, resalta Fonseca. “Esto le ofrece al país oportunidades para abordar el asunto de la conservación”.
Estimativas feitas pelo Sinchi indicam que a Colômbia tem uma taxa de desmatamento de 101, 3 mil hectares por ano. Acerca de los datos que revelaron los mapas de 2002 y 2007, adelanta que, en general, en el país hay una buena proporción de espacio amazónico en buen estado, aunque hay transformaciones. “El principal impacto sobre la selva ha sido generado por la ganadería, sobre todo en el departamento del Caquetá y en algunas zonas de Putumayo”, señala. Estimativos del Sinchi indican que Colombia tiene una tasa de deforestación amazónica de 101.303 hectáreas por año.
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María Clara Valenciaes periodista colombiana y profesional en estudios literarios con un fuerte interés en el medio ambiente. Tiene una especialización de postgrado en Periodismo y un Master en Ciencias de la Comunicación. María Clara trabajó durante cinco años como periodista en el diario El Tiempo de Colombia. Ha cubierto temas relacionados con el medio ambiente, cambio climático, la economía, la energía y la agricultura. Actualmente trabaja como freelance.