La deforestación de la Amazonia tiene un impacto mucho más allá de lo límites del bosque. Los especialistas aseguran que la pérdida de árboles en esta región influencia desde el ciclo de lluvias en la capital colombiana Bogotá hasta el clima del ‘Midwest’ americano. Por esto, es urgente monitorear las políticas y los índices de deforestación de esta región, algo hasta entonces precariamente desarrollado en Colombia.

Para suplir esta carencia, nació la idea del proyecto “Amazonas 2030”, una iniciativa que reúne sociedad civil, empresas y medios de comunicación de Colombia con el objetivo de dar visibilidad a una región que, según el antropólogo Martín von Hildebrand, director de la Fundación Gaia Amazonas y miembro de este proyecto, “hasta ahora recibió un tratamiento de patio trasero”.

Con “Amazonas 2030” se pretende dar continuidad a las políticas y acciones que sean realizadas en la Amazonia, para garantizar que los ecosistemas y los habitantes de esta región puedan desarrollarse de manera sostenible y mejorar su calidad de vida. El proyecto está comprometido en promover un cambio de visión, a partir de un nuevo modelo de desarrollo y de sostenibilidad socioambiental, adecuado a las particularidades de la región y a su diversidad cultural y biológica. Para esto promete monitorear sistemática y periódicamente la región a través de la definición de indicadores socioambientales, construcción de banco de datos, línea de base y publicación de informativos analíticos. También prevé la realización de encuestas con la población sobre su percepción en relación a la Amazonia, además de seminarios, foros y otras oportunidades de participación social.

Relevancia de la iniciativa

“Dieciocho por ciento de la cuenca amazónica ha sido deforestada, y la deforestación anual hoy en día emite una cantidad de CO2 que equivale al que emite todo el sistema de transportes del mundo. Si no ganamos la lucha contra la deforestación perderemos la lucha contra el cambio climático” dijo durante el lanzamiento de la iniciativa, Martín von Hildebrand, que por más de dos décadas ha trabajado con las comunidades indígenas de la región.

“En años recientes hemos visto veranos más prolongados, periodos de sequías más extensos e incendios más frecuentes. Todos estos son señales de alerta sobre el impacto que están teniendo los cambios climáticos en la Amazonia colombiana”, asegura. En este contexto, aseguró que esta región de Colombia puede ser el último refugio posible para mitigar los efectos del cambio climático; sin embargo, no se le ha dado la importancia que merece. “Colombia fue percibida siempre como un país caribeño y andino, y no como amazónico. Es hora que lo sea, porque tiene el bosque tropical más grande del planeta”, dice.

“Colombia podría ser el último refugio de la Amazonia como la conocemos hoy”, enfatizó. Y aunque reconoce algunos esfuerzos en conservación que hizo el país, como la creación de los territorios indígenas, las 17 Áreas Protegidas, los 14 Parques Nacionales Naturales, 2 Reservas Nacionales Naturales y un Santuario de Flora y Plantas Medicinales, insistió que son necesarios esfuerzos aun mayores.

Precaria investigación en Colombia

Wendy Arenas, directora de la Fundación Alisos, que también hace parte del proyecto, destacó el pobre estado de investigación que existe sobre la Amazonia colombiana y la escasa calidad de la información que se tiene acerca de esta región.

Según Arenas, es necesario mejorar la investigación en temas como el impacto del cambio climático en los ecosistemas de bosques tropicales. Del mismo modo, es necesario un mejor uso de los datos disponibles para medir los futuros índices de deforestación.

“Sin esta información, será difícil ayudar a formular una política de gobierno”, aseguró. “La Amazonia no es sólo brasileña. Necesitamos de una manera más integral para verla y desarrollar políticas regionales, particularmente entre las naciones andinas, como Perú, Colombia y Ecuador, que comparten el bosque” dice.

“Según el IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU) y WWF, si continua el actual ritmo de deforestación, en 2030 sólo existirá el 45% del bosque, lo que implica el colapso del ecosistema amazónico. Este proceso reduciría su habilidad de capturar el carbono de la atmósfera y perturbaría el régimen de lluvias en todo el continente”, afirmó.

César Caballero, gerente de Cifras y Conceptos, la empresa que reunió la información que existe sobre la región, indicó que el 22% de los datos existentes son del 2005 o antes del año 2000. “No existen datos actuales sobre población ni se tiene información con perspectiva étnica, esto no permite orientar las discusiones que existen sobre el tema”, dice.

Por esto los promotores de la iniciativa insisten en la urgencia de realizar un censo de la población amazónica, ya que ante la dificultad de llegar a lugares remotos, ni siquiera se sabe cuántos habitantes viven allí.

Natalia Hernández, coordinadora del proyecto “Amazonas 2030” apuntó que “tenemos una enorme responsabilidad con el mundo de preservar la Amazonia y para esto debemos planificarla y pensarla desde una visión amazónica, con indicadores de condiciones de vida diferentes a los que se aplican al resto del país”.

El “Amazonas 2030” cuenta con el apoyo de la Fundación AVINA y del gobierno de Holanda. El país destinó para el proyecto 5 millones de dólares, siendo 4 millones para apoyar las políticas ambientales de Colombia en 2011 y un millón durante los próximos 4 años para el “Amazonas 2030”.

Más informaciones en: www.amazonas2030.net
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