Escrito por Ricardo Tello
Miércoles 03 de Marzo de 2010 18:00
Fue la primera vez que compartía una asignación con mi compañero fotógrafo Francisco Ipanaqué: recorrer durante diez días la provincia de Sucumbíos, frontera con Colombia, en la zona de mayor presencia guerrillera de las FARC, en busca de zonas que puedan atraer al turismo local e internacional.
¿Propuestas de turismo en Sucumbíos? La idea me retumbó en la cabeza por la gran cantidad de noticias relacionadas con la violencia armada, precisamente en aquella zona.
Partimos desde Quito, capital del Ecuador, 14 kilómetros al sur de donde la línea ecuatorial divide en dos hemisferios al planeta. Descendimos por la cordillera oriental, pasamos al pie del Reventador, un volcán activo que en más de una oportunidad, en la última década, ha cubierto de ceniza a la capital de los ecuatorianos.
En la zona urbana y periurbana, es decir en el corazón de los asentamientos colonos en Sucumbíos y en su entorno inmediato, los efectos de la explotación petrolera eran evidentes: piscinas negras y viscosas, torres metálicas de las cuales salían enormes lenguas de fuego, vegetación reducida a una hojarasca amarillenta y seca, tubería oxidada cortando la exuberante capa vegetal desde y hasta donde se perdía la vista.
Para huir de aquel panorama, avanzamos hasta un embarcadero en el río Cuyabeno. Abordamos una pequeña panga que durante cuatro horas nos internaría hacia el este, en busca de los humedales.
Justo cuando el sonido del motor fuera de borda empezaba a adormecernos, el guía detiene la marcha; camina tambaleante al centro de la embarcación ante nuestra mirada absorta y con la mano derecha da breves golpecitos en la borda de estribor. Tras quince segundos –que fueron como horas en medio de ese infinito silencio - el melón de un delfín rosado se asoma tímidamente, emite un resoplido y nuevamente se sumerge.
La experiencia nos había dejado atónitos: ¡Cetáceos de agua dulce!
Fue como despertar del aletargamiento del viaje. En torno a nosotros ya no estaba ninguna de las dos orillas del río. La inundación rodeaba las copas de los árboles. Habíamos llegado a la reserva del Cuyabeno, vecino más próximo y hermano menor de la reserva del Yasuní, en donde está una de las biósferas más grandes y completas del mundo.
¿Cuál es la relación de la reserva Cuyabeno, con la que comienzo esta historia, y la del Yasuní, que es hacia donde vamos en este viaje imaginario?
Varias: la del Cuyabeno soporta una sobreexplotación turística, mientras que sobre el Yasuní la UNESCO ha intervenido para preservarla como zona protegida. Además, en torno a ella el Gobierno ecuatoriano ha levantado una gran expectativa sobre la aplicación de un sistema de pago por servicios ambientales: la no explotación de las mayores reservas petroleras probadas que posee el país para preservar este santuario natural.
Una relación histórica
La relación de Ecuador, pequeño país andino que separa a Colombia del Perú, con la Amazonia, es tan vieja como su vida misma.
Historiadores reclaman para este país la iniciativa de conformar una expedición (ver recuadro) que llevó a un puñado de españoles y naturales a descubrir el río Amazonas, el más largo y de mayor superficie de todo el planeta e ícono de la floresta -con todos sus ecosistemas- en la región occidental de Ecuador, Perú y Brasil.
Pero, ante el resto del planeta, ¿por qué ha recobrado protagonismo esta región selvática que antaño era considerado como “un mito”? Pues por la iniciativa Yasuní ITT.
La iniciativa Yasuní Ishpingo Tambococha Tiputini –ITT- es una propuesta gubernamental que busca dejar bajo tierra 846 millones de barriles de crudo de petróleo, a cambio de que la comunidad internacional entregue al menos el 50 por ciento de lo que el Estado ecuatoriano ganaría por explotar el campo. La propuesta fue elaborada en el año 2007, y le debe representar como ingresos al menos 3.500 millones de dólares.
Biodiversidad
Todo este petróleo está, en su mayor parte, bajo el parque nacional Yasuní, una reserva ecológica que protege el espacio con mayor biodiversidad del planeta, proporcionalmente hablando. Este sector de 9.820 kilómetros cuadrados fue declarado como área protegida por el estado ecuatoriano en el año 1979, y una década después la UNESCO le dio la categoría de Reserva de Biósfera, incluyéndola en la lista de patrimonios naturales de la humanidad.
“Según el análisis de datos llevado a cabo por investigadores de Estados Unidos, Ecuador, Reino Unido y Alemania en Yasuní, el parque alberga 150 especies de anfibios, 596 especies de pájaros, 200 especies de mamíferos y se estima que sólo allí viven 100 mil especies de insectos. Los científicos también han confirmado que en una hectárea Yasuní tiene más especies de árboles, unas 655, que el conjunto de especies nativas de Estados Unidos y Canadá. Este número llega a superar las 1.100 especies de árboles en un área de 25 hectáreas”. La cita es tomada de una investigación publicada en enero anterior, en la
revista científica digital de acceso libre, Plos ONE
Para Gorky Villa, botánico ecuatoriano, integrante de la organización Finding Species, y uno de los autores del estudio: "En una hectárea de Yasuní hay más árboles, arbustos y lianas que en ningún otro sitio del mundo".
Dejar el petróleo bajo tierra significa evitar que se liberen a la atmósfera 400 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono.
Las discordias
A inicios de su mandato el gobierno del presidente Rafael Correa conformó una comisión encargada de negociar el proyecto Yasuní ITT, ante lo cual varios países habían expresado su interés de entregar recursos a cambio de este servicio ambiental. Alemania encabezada la lista, con más de 50 millones de euros anuales.
La comisión estaba encabezada por dos hombres considerados como influyentes en materia ambiental en el gobierno de la autodenominada Revolución Ciudadana: Fánder Falconí y Roque Sevilla.
Falconí estaba al frente del Ministerio del Exterior –Cancillería- y Sevilla, fue alcalde de la capital, Quito. Ambos encabezaban una delegación que suscribiría los primeros acuerdos con los países donantes, precisamente en la Cumbre Mundial del Clima, en Copenhague, Dinamarca, en diciembre de 2009.
Sin embargo, la firma de un documento que conformaba la figura de un fideicomiso para la administración de los recursos que entregarían los países donantes, fue detenida por el propio presidente Rafael Correa, quien consideraba a dicha negociación perjudicial para los intereses del país.
Concretamente Correa se oponía a que sea la comunidad internacional la que administre el destino de los fondos que se entregarían al país a cambio de la no explotación del crudo del petróleo. El argumento: un asunto de soberanía.
Esta decisión agitó el ámbito político en Ecuador, en enero pasado, pues los dos hombres fuertes en material ambiental en el Gobierno renunciaron a la comisión, que inmediatamente fue reestructurada.
La prensa local, como diario El Universo, el de mayor circulación en el Ecuador, ha puesto en duda la intención de preservar el petróleo bajo tierra y ha denunciado la presencia de maquinaria en los límites de esta enorme biósfera.
“Hace más de un año, Petroamazonas, empresa estatal, comenzó tareas en los sectores aledaños al ITT. Hoy, maquinaria construye un nuevo oleoducto hasta el campo Edén Yuturi, contemplado en un plan de extracción del crudo del Yasuní”,
dice EL UNIVERSO en su investigación
A inicio de febrero, el gobierno reinició las negociaciones de la propuesta y a mediados de mes se conoció una oferta de Egipto.
O país árabe, que neste exerce a presidência do Movimento dos países Não Alinhados, disse poder fornecer o apoio necessário à iniciativa, “a fim de proteger o meio ambiente e a biodiversidade de distintos lugares do mundo”, segundo um comunicado oficial difundido no dia 22 de fevereiro.
El país árabe, que ejerce la presidencia del Movimiento de los No Alineados, instó a otorgar el apoyo necesario a la iniciativa “a fin de proteger el medio ambiente y la biodiversidad de los diferentes lugares del mundo”, según un comunicado oficial difundido este 22 de febrero, por medios electrónicos.
Y mientras todo esto ocurre, Yasuní sigue sorprendiendo al Mundo: según la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, en un boletín público, dice que en esta reserva se han descubierto cinco nuevas especies de ranas.
“El estudio reveló que en la reserva natural habitan dos especies de ranas termiteras, otras dos arborícolas y una nodriza, que no habían sido registradas por la ciencia”, dice el comunicado fechado 17 de febrero.
La esperanza de Yasuní, por el momento depende de la política.
Ricardo Tello es periodista free lance. Ha sido editor en los diarios El Universo de Guayaquil y El Tiempo de Cuenca. Ha ganado varios premios, como el Jorge Mantilla Ortega, en Ecuador, y en la primera convocatoria de Becas de Investigación Periodística de Fundación Avina. Actualmente comparte su trabajo con la docencia universitaria.