Os mais afetados. Indígena da etnia Cofán, comunidade de Dureno. Pelo menos outras três etnias equatorianas foram as mais afetadas pela contaminação petroleira, o que afetou drasticamente o seu acesso à água, caça e pesca. Seu modo de vida foi alterado substancialmente. Foto: Ernesto Benavides/OXFAM (www.supayfotos.com)

Semana pasada hubo cierta algarabía en Taracoa, Lago Agrio, Coca, Dureno y otras ciudades y comunidades de las provincias amazónicas de Sucumbíos y Orellana, en Ecuador. Debe haberse alegrado, o al menos respirado, Donald Moncayo, un activista que lleva años mostrando a los visitantes los estragos de Chevron. O Silvio Chapal, un dirigente de la etnia cofán, que también añora tiempos más felices: la Corte Provincial de Sucumbíos, en Ecuador, ratificó la sentencia que impone una indemnización de casi $20 mil millones a la compañía petrolera por los estragos en la selva amazónica ecuatoriana.

El hoy calificado como “juicio ambiental del siglo” comenzó en 1993, en una corte de Nueva York, pero en 1994 llegó a la Corte Provincial de Sucumbíos. Casi 17 años después, el 14 de febrero del 2011, dicho tribunal emitió un fallo demoledor: la empresa Chevron, que en el 2001 compró la Texaco, debería pagar 8,646 millones por los daños causados a la gente y los ecosistemas. A la astronómica suma se añadiría un 10% a favor de los demandantes, y si además la compañía, una de las más grandes del mundo en su rubro, no pide disculpas públicas por lo ocurrido, la suma se duplica y ascendería, en total, a 18,064 millones de dólares.

Eso es lo que acaba de ser ratificado y lo que hace que Pablo Fajardo, el abogado que representa a 88 ecuatorianos, quienes, en nombre de más de 30 mil afectados que viven en la zona mencionada, han demandado a la compañía petrolera Texaco, por daños ambientales y a la salud, ya hable de cómo comenzar a cobrar el monto, un proceso que, según ha dicho, podría durar ente 2 a 5 años.


James Craig, el vocero de la empresa, ha declarado por su parte a la agencia AFP que se encuentran “analizando el tema”, aunque le quedaría el “recurso de casación”, un mecanismo por el cual el expediente se eleva a la Corte Nacional de Justicia, a fin de que revise el proceso. Según Fajardo, sin embargo, ese recurso no impediría comenzar a ejecutar la sentencia y anunció que se iniciarán “acciones jurídicas” con ese objetivo.

¿Cómo hacerlo si la Chevron ya no está presente en Ecuador? Pues confiscando sus bienes o congelando sus cuentas en los otros varios países donde trabaja, como Angola, Singapur, Venezuela o el propio Estados Unidos, país de origen de la empresa. Aunque hoy suene inverosímil, la posibilidad de que eso ocurra ya se perfila y es seguro que hará que el juicio dé más vueltas, tensas y difíciles, pues la parte demandada no se resigna.

Pozos, piscinas, remedios

Rastros escuros: água misturada com petróleo ainda é encontrada em alguns lugares da selva amazônica equatoriana - é o que restou das piscinas resultantes da escavação de um poço petroleiro.

Pero hay que haber estado en el lugar donde viven los afectados para entender por qué se ha persistido en este juicio. Ambas provincias ecuatorianas (Sucumbíos y Orellana) están sembradas de restos de oscuras piscinas (que se abren para depositar los restos de la excavación de un pozo petrolero), de chimeneas que botan fuego (para expulsar al aire otros residuos de la extracción) y de cientos de enredadas y horrendas tuberías.

Eso es visible cerca del campo petrolero Auca, donde aún se trabajan algunos pozos, y donde esas tuberías parecen competir, y acaso asfixiar, el bosque amazónico. Dicha impronta en busca de hidrocarburos comenzó, de manera febril, en la década del 60, cuando tal vez las leyes ambientales ni se soñaban. Medardo Zhingre, un poblador de la zona, recordó esos tiempos, mientras nos mostraba restos de crudo en medio del campo.

La Texaco comenzó a trabajar en la zona en 1964 y estuvo allí hasta 1990, cuando entra a operar la empresa estatal Petroecuador. Según los demandantes, sin embargo, habría seguido co-operando hasta 1993 y, en todo el tiempo que estuvo, cavó 339 pozos, cada uno de los cuales dejaba como rastro las sucias piscinas contaminantes. De allí que muchos habitantes tengan la memoria de haber vivido cerca de residuos petroleros.

Chevron, por su parte, sostiene que en 1995 llegó a un acuerdo con el gobierno de Sixto Durán Ballén (1992-96), que le llevó a poner en marcha un “plan de remediación” con el cual cerró el 33% de las piscinas que, según la empresa, le correspondían (tenía una participación de un tercio en el consorcio que formaba con Petroecuador). Siempre de acuerdo a la compañía, la operación y toda su responsabilidad habrían concluido en 1998.

Los demandantes, en cambio, sostienen que “no existe ningún documento que extinga las obligaciones” y afirman que, durante años, la estrategia de Chevron ha consistido en dilatar el juicio. Mientras, las denuncias por numerosos casos de cáncer y otros males siguieron proliferando y hoy son presentadas como evidencia de que los nefastos restos de crudo destrozaron el ecosistema amazónico y también afectaron la salud humana.

A prova nas mãos. Donald Moncayo, habitante da zona afetada, segura em suas mãos restos de petróleo encontrados no meio da floresta. Teriam sido deixados no local na década de 80 pela empresa Texaco, comprada pela Chevron.
Los males del cuerpo y el bosque

Es común escuchar, por la zona donde viven los afectados, historias de malformaciones genéticas, enfermedades de la piel, abortos y numerosos casos de cáncer. A la vez, resulta difícil ser rotundo en afirmar si todos los casos están relacionados con la contaminación petrolera. Sí parece notorio, empero, un “incremento” de los casos oncológicos, tal como declara el doctor Edgar Chamba de Sociedad de Lucha contra el Cáncer (Solca). Chevron siempre se ha defendido sosteniendo que no hay reales evidencias científicas al respecto y que, finalmente, hay una fuerte presencia bacteriana en los ríos del Oriente ecuatoriano.

Si uno se acerca a las aldeas indígenas, no obstante, los testimonios sobre la contaminación de los ríos son numerosos. En la comunidad cofán de Dureno (además de los cofán, también forman parte de los afectados las etnias secoya, kichwa, achuar y huaorani), por ejemplo, los dirigentes señalan que cada vez tienen que irse más lejos para poder pescar y que ya no hay, en modo alguno, la abundancia de peces de antaño.

"La compañía descartó deliberadamente billones de galones de aguas residuales tóxicas en los ríos y arroyos, derramó millones de galones de petróleo crudo en desechos peligrosos al aire libre en toda la región. El resultado es la devastación generalizada del ecosistema de la selva, de las comunidades indígenas locales y uno de los peores desastres ambientales en la historia", dice la organización Amazon Watch, que acompaña el caso, en su página oficial.

¿Fondos por juicios?

“La caza también escasea”, observa Chapal, el profesor de la comunidad. Por eso están dedicados ahora a la elaboración de artesanía y, por eso también, participan de la Asamblea Nacional de afectados. En los alrededores, por último, las chimeneas, tubos y hasta pozos sin protección alguna, que uno puede observar cerca de las carreteras, se han vuelto ya parte del penoso paisaje, que a pesar de todo aún conserva su fuerza y belleza.

En diciembre pasado, Mitch Anderson, miembro de Amazon Watch, señaló que Chevron estaría pensando ofrecer una fuerte suma de dinero a la iniciativa Yasuní (que busca no explotar el petróleo que hay bajo el parque nacional del mismo nombre, para así mitigar el calentamiento global), a cambio de que el gobierno ecuatoriano lo libere del juicio. Es sólo una especulación, pero siempre deja el mal sabor de cómo se juega con la Amazonía.




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