Lima - La ola transgénica mundial, que da vueltas por varios países y varios continentes, da vueltas ahora por el Perú y gravita sobre su altísima biodiversidad, buena parte de la cual se encuentra en la Amazonía. Gracias a un Decreto Supremo emitido el pasado 15 de abril por el Ministerio de Agricultura, para reglamentar la Ley 27104, de Prevención de Riesgos Derivados del Uso de la Tecnología, se podría ahora solicitar autorizaciones para importar OVM (Organismos Vivos Modificados), con más facilidad que antes.
¿Qué tanta? Como explica Ilko Rogovich, de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, la norma toma precauciones: no permite que se traiga OVM que hayan sido rechazados en otro país, ni autoriza a que el país se convierta en un “laboratorio experimental”. Pero, como señala el mismo especialista, reduce las posibilidades de limitar el ingreso de transgénicos y “crea los procedimientos administrativos para que los interesados en realizar actividades con organismos transgénicos puedan obtener los permisos”.
Ese riesgo, que no parece pequeño, ha creado un consenso opositor inusual, sobre todo teniendo en cuenta que actualmente se desarrolla una intensa, y tensa, campaña electoral. En el frente que no desea los OVM están la Asociación Peruana de Gastronomía, el Colegio de Ingenieros del Perú, la Asociación Médica Peruana y hasta técnicos del propio Ministerio del Ambiente, que en este tema se ha distanciado del Ministerio de Agricultura. También el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP).
“Es muy temerario para nuestro país, para nuestra Amazonía, decir que los sistemas productivos transgénicos pueden convivir con los orgánicos”, sostiene Mario Pinedo, funcionario de dicha institución. Sus declaraciones están en sintonía con una verdad palmaria en el Perú: si bien la agricultura (actividad que se vería afectada por los OVM) no es predominante en la Amazonía peruana, sí existe el riesgo de que el cultivo de productos orgánicos, que sí están presentes en la selva, sean seriamente afectados.
Productos como el cacao y el café, o frutales como el camu-camu y el aguaje, con grandes posibilidades de expansión y con notables resultados actuales para la economía de quienes los cultivan, estarían en riesgo. En el 2009, por ejemplo, la exportación de productos orgánicos peruanos alcanzó los 220 millones de dólares, tal como informa la Red de Agricultura Ecológica, que representa a buena parte de los 46,000 productores ecológicos del país. Todos ellos, por cierto, en pie de guerra contra los transgénicos.
Pero hay más para la selva. De acuerdo a Santiago Pastor, especialista del Ministerio del Ambiente, uno de los mayores riesgos para la Amazonía sería la introducción de peces transgénicos, algo que ya estaría ocurriendo en el negocio de los peces ornamentales. “La diversidad y riqueza de peces y en general de recursos hidrobiológicos en selva –sentencia el investigador- es tan grande y apenas conocida que sería como sustituir toda nuestra diversidad de miles de papas nativas, por dos o tres variedades comerciales”.
Otro riesgo vendría con la soya, un cultivo ya muy sumergido en la dinámica transgénica., que reduce la cobertura forestal, tal como ya ocurrió en Brasil y Paraguay. Según Isabel Peña, abogada española especialista en el tema trasngénico que vivió en el Perú, “la Amazonia y las áreas de alta concentración de agrobiodiversidad que son muchas en el país” serían empujadas por la frontera agrícola y se invadirían hábitats, lo que implica “la desaparición de especies y la contaminación genética”.
Zonas livres de transgênicos
“El flujo génico –añade- es inevitable: la semilla no solo viaja con el polen, también viaja con los agricultores que la llevan donde van...Si se permiten los transgénicos, va a ser imposible diferenciar lo que es transgénico de lo que no lo es, porque el mercado informal de semillas es del 90% en el país”. De hecho, la pujante agricultura orgánica que se desarrolla en parte de la Amazonía peruana, o en la zona denominada “montaña” (parte alta de la selva), parece muy vulnerable al ingreso de los OVM a discreción.
Tanta es la preocupación en estas zonas que ya varios gobiernos regionales del país ubicados en la selva se han declarado, merced a ordenanzas regionales, “libres de transgénicos”. Esto ha ocurrido en las regiones orientales de San Martín y Loreto. Y también en las regiones de Huánuco, Cusco, Cajamarca y Ayacucho, que, si bien tienen la mayor parte de su territorio en la sierra, también tienen áreas ubicadas en la selva, donde justamente la agricultura orgánica comienza a generar exitosos desarrollos.
En Loreto, incluso, la oposición ha sido tal que el propio presidente regional, Yván Vásquez, participó el pasado 15 de mayo en un acto simbólico de “lavado de frutas” en la Plaza 28 de julio de Iquitos, la capital de esta región. Se lavaron muestras de camu-camu y aguaje, dos de los productos estrella de esta área. Luis Campos Baca, presidente del IIAP, quien estuvo presente en el acto, dijo que “en lugar de promover la presencia de transgénicos quedó en clara la importancia de promover las investigaciones científicas”.
Apuntó también que resulta indispensable fortalecer las capacidades “para masificar las bondades de nuestros productos”, lo que en la Amazonía equivale a promover cultivos que estén asociados con la biodiversidad, a la conservación de los ecosistemas, al delicado equilibrio de la cadena trófica. Si el país, como precisan varios de los especialistas consultados, no tienen suficientes mecanismos de bioseguridad, aparece como muy arriesgado abrir la puerta a los OVM de manera tan apresurada.
Al momento, el Decreto Supremo no ha entrado aún en vigencia y en el Congreso de la República hay un proyecto de ley para establecer una moratoria de 15 años, antes de permitir una mayor entrada de transgénicos en el país (en rigor, ya circulan semillas transgénicas en algunas zonas e incluso productos alimenticios que contienen OVM), pero que aún no ha sido debatido. Los dos candidatos en carrera, Ollanta Humala y Keiko Fujimori, se han pronunciado también al respecto, con talantes y propuestas distintas.
Mientras Humala, postulante de Gana Perú, se alinea en la oposición clara a la entrada de más OVM, y eventualmente apoyaría la moratoria de 15 años, Fujimori apostaría por una moratoria de 3 años. El presidente Alan García, ya por dejar el cargo el próximo 28 de julio, ha declarado que “será el próximo gobierno el que debatirá este tema”, pero la polémica ya está desatada, no se ha detenido, se ha mantenido incluso por encima de la tensión electoral, porque lo que está en juego es la vida y la mágica biodiversidad.