Escrito por Ramiro Escobar La Cruz, de Lima
Martes 29 de Junio de 2010 17:25
Un acuerdo, de larga duración (tiene un horizonte de 50 años), para extraer energía de la la cuenca amazónica firmaron, el pasado 16 de junio, en Manaos, Luiz Inácio Lula da Silva y Alan García Pérez, mandatarios brasileño y peruano respectivamente, sin mediar suficientes discusiones. Sobre todo si se tiene en cuenta que lo que está en juego no es solo la producción de MW (Megawatts) sino el equilibrio de vastos ecosistemas.
El ‘Acuerdo entre el Gobierno de la República Federativa del Brasil y el Gobierno de la República del Perú para el suministro de la electricidad al Perú y exportación de excedentes al Brasil’, sobre el papel, parece navegable. De acuerdo al preámbulo del documento, el propósito es “avanzar en una integración energética que genere los mayores beneficios para ambos países”. Y ese ‘beneficio’ vendría de la Amazonía.
A lo largo de 15 artículos, se detallan una serie de condiciones referidas al Marco General, Compromisos de las Partes, Cooperación Técnica, Exceso de Oferta Temporal, Situaciones de Emergencia, Suficiencia de Generación y el Desarrollo Sostenible.
También en cuanto a Solución de Controversias, Normas Específicas, Enmiendas, Duración y Denuncia. El paquete parece completo, pero como señala Mariano Castro, de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) de Perú, “hay grandes ausencias” en dicho tratado. Tan grandes que el viernes 18 un colectivo de instituciones –además de la SPDA, Pro-Naturaleza, SER (1) y DAR (2)- alzaron la voz en una conferencia de prensa.
Las objeciones al Acuerdo discurren sobre todo por dos cauces: las pálidas precisiones sobre los aspectos ambientales y sociales, y la falta de un debate nacional. Desde que, el 9 de noviembre del 2006, los gobiernos peruano y brasileño firmaron un ‘Memorándum de Entendimiento’ para el establecimiento de una Comisión Permanente en Materia Energética, Geológica y de Minería’, el tema casi no ha aparecido en la escena pública.
Las objeciones al Acuerdo discurren sobre todo por dos cauces: las pálidas precisiones sobre los aspectos ambientales y sociales, y la falta de un debate nacional. Desde que, el 9 de noviembre del 2006, los gobiernos peruano y brasileño firmaron un ‘Memorándum de Entendimiento’ para el establecimiento de una Comisión Permanente en Materia Energética, Geológica y de Minería’, el tema casi no ha aparecido en la escena pública.
Es más: lo sorprendente, recordó Castro en la conferencia, es que, en el 2008, el ministerio de Energía y Minas ya habría ofrecido al Brasil nada menos que 20,000 MW (Megawatts) de energía, prácticamente con todas las facilidades, una propuesta que no prosperó justamente porque, ya entonces, comenzaron a surgir protestas en el seno de la sociedad civil y especialmente por parte del Colegio de Ingenieros del Perú (CIP).
El tratado recién firmado establece, en el inciso ‘a’ del artículo 3, que el Perú se compromete a exportar a Brasil ‘como máximo 6,000 MW más una tolerancia del 20%’ (3) Aún así, Carlos Herrera Descalzi, también ex ministro del mismo rubro, pero en el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006), sostuvo para este portal que hay, en los niveles de decisión, “un profundo desconocimiento y un deseo de trascendencia”.
¿De dónde vendría esa cantidad de energía y por qué está generando tales olas de controversia? Según el libro ‘Amazonía Peruana 2021’ (cuyos autores son Marc Dourojeanni, Alberto Barandiarán y Diego Dourojeanni), el Brasil habría escogido 6 proyectos hidroeléctricos en la cuenca amazónica peruana, de los 52 que el Perú tiene proyectados para los próximos años (no todos en la selva, varios más bien en la sierra).
Los dos principales, que en cierto modo ya están en marcha y navegan en torno al Acuerdo, son el Proyecto Inambari, que ya tiene una concesión temporal hasta junio del 2010 y un Estudio de Pre-factibilidad concluido (falta el Estudio de Impacto Ambiental), y el Proyecto Paquitzapango, que tiene una concesión hasta agosto del 2010 y no cuenta con estudios de pre-factibilidad. Ambos resultarían social y ambientalmente riesgosos.
Inamabari es una zona ubicada al sur-oriente del Perú, en la región denominada Madre de Dios, relativamente despoblada y considerada una de las mayores reservas de biodiversidad del Mundo (4). El proyecto hidroeléctrico que allí se establecería costaría 4,000 millones de dólares, produciría 2,000 MW, pero a la vez implicaría la construcción de una enorme represa, que terminaría inundando al menos 40, 000 hectáreas de bosque.
Los datos son ofrecidos por los autores de ‘Amazonía Peruana 2021’, pero fueron refrendados en la citada conferencia de prensa. César Gamboa de DAR, por ejemplo, recordó que no se trataría solo del gigantesco reservorio –que se convertiría en el quinto más grande de América Latina- sino, además, de los cerca de 300 kilómetros de líneas de transmisión de la energía, que deforestarían unas 6,000 hectáreas de selva amazónica.
Si bien en esta zona no hay una alta densidad poblacional (aunque se calcula que unas 8,000 personas serían desplazadas), en el proyecto Paquitzapango sí se podría producir un problema demográfico, y sobre todo social, de importantes dimensiones. Ubicado en la selva central, en la cuenca del río Ene (en la Amazonía), de activarse podría inundar las tierras de unas 18 comunidades de la etnia Asháninka, una de las principales del Perú (5).
También afectaría a 33 asentamientos humanos de colonos y pobladores ribereños (los que viven a la vera de los ríos), todo lo cual genera ya creciente tensión entre la población de la zona. Parece pertinente la observación de Ernesto Ráez, profesor de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, mientras hablamos de este tema, “el concepto de energía barata (esgrimido por algunos funcionarios públicos) no es intrínsecamente bueno”.
Las dudas aumentan cuando se atienden otros argumentos del ex ministro Herrera Descalzi. El sostiene que “lo racional”, para el Perú, sería apelar primero a las hidroeléctricas previstas en las sierras altas, que causan mucho menos impacto ambiental, y dedicar unos años a explorar el real potencia hidroeléctrico del Perú, que no se actualiza desde la década del 70, cuando una misión alemana inició ese estudio pero no lo terminó
¿Cuál es el apuro entonces? Daniel Cámac, actual viceministro de Energía y Minas, declaró a este portal que la demanda de energía peruana está creciendo a un ritmo del 8% anual y que, por eso, “pronto requeriremos nuevas fuentes de energía”. Insistió en que este proyecto es conveniente para el país porque, entre otras cosas, a los 30 años las hidroeléctricas construidas, por Brasil, pasarían a ser peruana, como dice el Acuerdo.
El documento también señala que la producción de energía asociada a las ‘Centrales de Generación’ tendrá como prioridades el ‘mercado regulado peruano’ y el ‘mercado libre peruano’ y luego el ‘mercado brasileño’. Con todo, y a pesar de que también se menciona tres veces el término ‘Desarrollo Sostenible’, no parece muy claro el interés práctico en este concepto y esta práctica, ni por qué ahora y sin mayor debate se procede a la firma.
Más aún: no ha quedado claro, en el Perú si el Acuerdo irá al Congreso, a pesar de que el artículo 56 de la Constitución Política dispone que los tratados internacionales deben pasar por ese filtro. Cámac señaló a ‘O Eco Amazonía’ que sí se enviará. Pero el presidente García no se ha pronunciado casi sobre el asunto, aun cuando parece claro que la energía irá a Brasil, pero los impactos amazónicos se quedarán en territorio peruano.
- Servicios Educativos Rurales.
- Desarrollo, Ambiente y Recursos Naturales.
- Esto significa que la exportación podría ser 20% más o menos de los 6000 MW.
- Nacional Geographic Society ha considerado a Bahuaja-Sonene, un área protegida de la zona, como uno de los parques naturales más emblemáticos del mundo.
- Los Asháninka son la etnia amazónica más grande del Perú. Su población llegaría a lo 50 mil habitantes (de los 300 mil indígenas amazónicos del país).
Ramiro Escobar es un periodista especializado en temas internacionales y ambientales. Actualmente es columnista del diario La República y colaborador, en el Perú, de las revistas Poder, Quehacer y la agencia Noticias Aliadas. En el extranjero, colabora el diario El País de España y el portal ((o) eco Amazonia de Brasil. Es profesor de Comunicación Política y Periodismo de Opinión en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC).